
La misión especial del sordociego Ángel Valdés para acercarse lo más lo posible al Papa con un código QR en su móvil
La misión especial del sordociego Ángel Valdés para acercarse lo más lo posible al Papa con un código QR en su móvil Sin ver ni oír, viajó él solo desde Pinto para asistir a la misa de León XIV. Este es el relato de una...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. La misión especial del sordociego Ángel Valdés para acercarse lo más lo posible al Papa con un código QR en su móvil Sin ver ni oír, viajó él solo desde Pinto para asistir a la misa de León XIV. Este es el relato de una aventura extraordinaria Dvd 1321 (07-06-26). Ángel Valdés (i) al termino de la procesión del Corpus Christi en Cibeles.
Foto: ÁLVARO GARCÍAÁLVARO GARCÍAJuan Diego QuesadaMadrid - 09 jun 2026 - 05:30CEST Compartir en Whatsapp Compartir en Facebook Compartir en Twitter Desplegar Redes Sociales Ir a los comentariosAñadir EL PAÍS en GoogleCompartir: Whatsapp Facebook Twitter Bluesky Linkedin Copiar enlaceÁngel Valdés se ha levantado esta mañana con una determinación absoluta: acercarse lo más posible al Papa. Por delante se le presentan varias complicaciones. Vive en una ciudad a las afueras de Madrid y no tiene coche ni carné de conducir.
Los detalles
Tampoco facilita las cosas que su esposa no lo quiera acompañar. A lo que hay que sumar que ni ve ni escucha. Resulta que Ángel nació sordociego hace ahora 60 años.
En las siguientes horas, la misión de ir en busca del nuevo Papa enfrentará todo tipo de dificultades, pero logrará sortear todos los obstáculos que se interpongan en su camino. Pareciera que hay algo invisible que lo protege como a Dominó, una superheroína de Marvel cuyo superpoder era contar con la suerte de su lado. Subido al tren de Cercanías, se ha enterado de que han cortado la estación de Recoletos, la más cercana a la plaza Cibeles, donde León XIV va a celebrar la misa.
La toca entonces bajarse en Sol y caminar unas calles, algo con lo que no contaba. Acaba, sin quererlo, en Neptuno. Lleva escrito en un papel su destino final, una zona acordonada para personas con discapacidad, muy cerca del púlpito.
Qué dicen los expertos
Pero los accesos están cortados y nadie lo puede guiar hasta allí. Desorientado, acaba detrás de una pantalla gigante, junto al Hotel Palace. La ceremonia empieza y Ángel se encuentra de pie, al sol, a más de 30 grados, con una gorra de Decathlon y dos gafas, unas de ver y otras de sol, colgadas del cuello con una cadena.
Da la sensación de flotar solo en el espacio, como un astronauta. La voz del Papa retumba con fuerza en los altavoces, sin que esto le produzca nada. Ni la música litúrgica de después.
Ni el rezo colectivo. No forma parte del culto comunitario. De un momento a otro se siente indispuesto y se tambalea.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





