
Memoria senior: 1989, hiperinflación, saqueos y Los Redondos rumbo a Obras en el viaje de toda una generación
La juventud es una búsqueda sin brújula. Se buscan amigos, ropa, lemas, goles, acordes, palabras para explicar lo que se siente. En 1988 nosotros buscábamos todo eso al mismo tiempo. Teníamos trece y cursábamos segundo...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Surgen avances clave en el escenario mundial. La juventud es una búsqueda sin brújula. Se buscan amigos, ropa, lemas, goles, acordes, palabras para explicar lo que se siente. En 1988 nosotros buscábamos todo eso al mismo tiempo.
Teníamos trece y cursábamos segundo año en la Escuela Nacional en Colón, una ciudad de la pampa bonaerense que apenas superaba los veinte mil habitantes. La democracia era una experiencia reciente. En las clases de Educación Cívica se discutía de todo mientras en los recreos tratábamos de recuperar el estatuto mecanografiado del Centro de Estudiantes clausurado en la dictadura.
Los detalles
Los años de plomo estaban demasiado cerca para ser historia y demasiado lejos para ser presente. Éramos pibes que empezábamos a entender que el mundo tenía capas. Y esas capas había que habitarlas.
Hasta que un día descubrimos algo que fue más que un golpe de suerte. Todo descubrimiento empieza antes del momento en que creemos haber encontrado algo. Una tarde en la casa de Mariano Mortara, compañero del Bachiller, apareció el casete Un baión para el ojo idiota.
Mariano era el menor de cuatro hermanos. Los otros tres estudiaban en Buenos Aires y regresaban cada tanto con libros, revistas, discos, historias y nombres desconocidos. Las novedades viajaban en bolsos y en Chevallier y ellos eran como los gitanos de García Márquez con los espejos.
Qué dicen los expertos
Y cuando sonó por primera vez en el doble casetera esa música de rock fuerte y puticlub no nos quedó otra que vernos reflejados. Los Mortara más grandes nos habían traído el mapa de nuestras juventudes. Un baión empezó a caminar con nosotros.
Lo llevábamos a todos lados, al gimnasio, a los asaltos, a las mateadas. En la radio todavía no sonaban Los Redondos y en las disquerías tampoco vendían sus discos. Muchos años después, un ricotero empedernido me dijo: “El blues es una música que viaja”.
Literal y metafóricamente, Matías López me hablaba de la migración y la resistencia que el género tiene en sus raíces. Matías puso en palabras eso que estábamos empezando a hacer sin saberlo. Trasladar y trasladarnos con las canciones que queremos.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




