
“Estamos en una misión para matar a tres niñas”: la amenaza ignorada que anticipó la masacre en un campamento scout
En la primavera de 1977 alguien dejó una advertencia escrita con letra temblorosa dentro de una caja vacía de donas. La nota, redactada en mayúsculas, decía: “Estamos en una misión para matar a tres niñas en la tienda...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. En la primavera de 1977 alguien dejó una advertencia escrita con letra temblorosa dentro de una caja vacía de donas. La nota, redactada en mayúsculas, decía: “Estamos en una misión para matar a tres niñas en la tienda número uno”. Quien la encontró era una consejera durante una sesión preparatoria en el Camp Scott, un tradicional campamento de verano para niñas exploradoras ubicado en una zona boscosa del condado de Mayes, en Oklahoma.
La reacción fue la que suele despertar lo inverosímil: alguien creyó increíblemente que se trataba de una broma pesada. La amenaza fue descartada. Terminó en la basura.
Los detalles
Menos de dos meses después, tres niñas fueron asesinadas. El horror comenzó el domingo 12 de junio de 1977. Decenas de Girl Scouts llegaron al Camp Scott, cerca de la pequeña localidad de Locust Grove, para disfrutar de una semana de actividades al aire libre.
Era el inicio de las vacaciones soñadas: fogones, caminatas, canciones y amistades nuevas. Entre las participantes estaban Lori Lee Farmer, de 8 años; Michele Heather Guse, de 9; y Doris Denise Milner, de 10. Las tres provenían del área de Tulsa -una ciudad en el río Arkansas en el estado estadounidense de Oklahoma, conocida por su arquitectura Art Déco, en especial en el céntrico Deco District-.
Y fueron asignadas a la unidad Kiowa, compartiendo la tienda número 7, una de las más alejadas del sector donde dormían las consejeras. La ubicación resultaría crucial. Parcialmente oculta por las duchas del campamento y situada a mayor distancia del resto, aquella tienda quedaba especialmente expuesta.
Qué dicen los expertos
El descubrimiento del horrorLa primera noche hubo tormenta. Las niñas se acomodaron como pudieron entre bolsas de dormir y linternas, comentando seguramente las emociones propias de cualquier debut lejos de casa. Algunas estaban nerviosas.
Otras excitadas por la aventura. Ninguna imaginaba que estaba viviendo sus últimas horas. Poco antes del amanecer del 13 de junio, una consejera caminó hacia las duchas para asearse antes del despertar general.
Lo que vio al costado del sendero la dejó paralizada. Había bolsas de dormir amontonadas. Al acercarse descubrió que dentro estaban los cuerpos de las niñas.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





