
La razón del diferencial de inflación y la competitividad exterior española
La punta del icebergOpinióniTexto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datosLa razón del diferencial de inflación y la competitividad exterior españolaEvaluar...
S&P 500 (SPY) Temmuz'da (DÜŞÜK) 730 Doları vuracak mı?
Última hora de los mercados: La punta del icebergOpinióniTexto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datosLa razón del diferencial de inflación y la competitividad exterior españolaEvaluar la posición competitiva de un país únicamente mediante el IPC general introduce una distorsión que confunde los problemas de costes internos con la verdadera capacidad de competir en el exteriorUn hombre reposta gasolina en Hospitalet de Llobregat, Barcelona, en junio. Albert GarciaManuel Alejandro Hidalgo16 jul 2026 - 10:05CEST Compartir en Whatsapp Compartir en Facebook Compartir en Twitter Desplegar Redes Sociales Ir a los comentariosAñadir Cinco Días en GoogleCompartir: Whatsapp Facebook Twitter Bluesky Linkedin Copiar enlaceEl debate sobre la competitividad de la economía española suele reactivarse con fuerza cada vez que se produce una desviación al alza en los índices de precios frente a nuestros socios comerciales. Desde mediados de 2025, esta preocupación ha vuelto a situarse en el centro del análisis económico hasta tal punto que se asocia parte de nuestra caída en el saldo exterior con este diferencial de precios.
Sin embargo, este diferencial no es un misterio. Tras el apagón eléctrico generalizado del 28 de abril de 2025, España ha venido registrando tasas de inflación superiores a la media de la Eurozona. Mientras que la inflación armonizada en la eurozona se ha situado en un promedio del 2,2% en el periodo posterior al suceso, en España este promedio ha ascendido al 2,8%.
Detalles económicos
No obstante, y a pesar de esta sospechosa coincidencia, para muchos analistas, esta brecha de más de medio punto porcentual representa una señal inequívoca de una pérdida de competitividad de las empresas españolas en el exterior. Sin embargo, además de asociar un evento fortuito con los fundamentos de competitividad de nuestra economía, esta interpretación descansa sobre una base metodológica cuestionable, por no decir parcialmente errónea. El Índice de Precios de Consumo (IPC) y su versión comparable a nivel europeo, el Armonizado (IPCA) es una herramienta diseñada para medir la evolución del coste de la vida de los hogares, no la capacidad competitiva de los bienes y servicios transables de un país en los mercados internacionales.
Es cierto que existe un profundo vínculo entre ambos, pero las diferencias entre la evolución de los precios que pagamos los consumidores en nuestro país y la capacidad que tiene una empresa de ganar mercados es tan amplia que usar el IPC como medida de competitividad, en base a su diferencial respecto al resto del mundo, es un ejercicio erróneo. La principal razón es que al utilizar el diferencial del IPC como indicador de competitividad exterior se introduce un sesgo sustancial debido a que el consumo interno incluye una proporción elevada de bienes y servicios no transables, es decir, aquellos que no participan en el comercio internacional.
Los economistas analizan lo que la noticia significa para los mercados.





