Macron defiende su estrategia de seducción con Trump
Macron defiende su estrategia de seducción con TrumpLa relación Francia-EE.UU.El presidente francés justifica su cena en Versalles y el uso del patrimonio nacional con fines diplomáticosMacron mostró a Trump algunas...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Surgen avances clave en el escenario mundial. Macron defiende su estrategia de seducción con TrumpLa relación Francia-EE. El presidente francés justifica su cena en Versalles y el uso del patrimonio nacional con fines diplomáticosMacron mostró a Trump algunas salas de Versalles, entre ellas la Galería de los Espejos, antes de la cena ANNA MONEYMAKER / POOL Eusebio ValÉvian-les-Bains. Corresponsal 18/06/2026 11:31 Actualizado a 18/06/2026 16:49 A Emmanuel Macron le encanta la estrategia de seducción diplomática y no duda en utilizar el rico patrimonio nacional para sus objetivos.
Este modo de hacer llegó quizás a su máxima expresión con la cena en el palacio de Versalles ofrecida a Donald Trump, el miércoles por la noche, al término de la cual el presidente de Estados Unidos firmó, por sorpresa, al filo de la medianoche, el memorándum de paz con Irán. Trump ha llenado de fantasías doradas la Casa Blanca y su residencia de Mar-a-Lago, en Palm Beach (Florida), pero hasta un hombre con su singular gusto estético sabe apreciar lo que es genuino, el aura que dan la exquisitez artística y el poso de los siglos. Fue una imagen que quedará en la retina de los diez años de presidencia de Macron, con opiniones dispares.
Los detalles
El jefe de Estado y su esposa Brigitte, con elegante vestido largo, esperaron durante largos minutos, en el exterior, e intentando disimular cierto embarazo por la situación, hasta que la aparatosa caravana de vehículos traídos desde Washington -como en todos los viajes del líder de la superpotencia- apareció y la limusina presidencial, The beast, rodó majestuosa, con los viejos adoquines poniendo a prueba la suspensión del pesado vehículo. Después de las fotos de rigor y de los gritos lejanos de algunos periodistas norteamericanos, los más pugnaces, que aún le hacían preguntas políticas, el trío entró en el palacio para un breve tour que incluyó la célebre Galería de los Espejos. A Trump debieron recordarle que allí se firmó el célebre tratado después de la I Guerra Mundial -una chapuza diplomática que derivó en otro conflicto planetario veinte años después- y que en 1783 se rubricó en el mismo lugar el tratado después de la guerra que llevó a la independencia de Estados Unidos.
De hecho, la excusa oficial de la cena fue celebrar juntos los 250 años de la declaración de independencia, que se cumplen el 4 de julio, y el decisivo apoyo francés al nacimiento de la república americana. Aunque ya era muy tarde, se sirvió el menú previsto, obligadamente sofisticado pese las querencias del huésped por el fast food. Entre los manjares había espárragos con langosta y caviar, pollo asado con trufas y tarta caliente de chocolate con helado de vainilla.
En la mesa se sentaron una treintena de personas, entre colaboradores de Trump, miembros del Gobierno francés y algunos hombres de negocios.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





