
Tarde de héroes en Las Ventas: Víctor Hernández entierra su pureza y el triunfo en el barro con la espada
Corrida de BeneficenciaTarde de héroes en Las Ventas: Víctor Hernández entierra su pureza y el triunfo en el barro con la espadaUna formidable tormenta convierte la tarde en una hazaña con Talavante, Roca Rey y el...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Corrida de BeneficenciaTarde de héroes en Las Ventas: Víctor Hernández entierra su pureza y el triunfo en el barro con la espadaUna formidable tormenta convierte la tarde en una hazaña con Talavante, Roca Rey y el torero de Madrid entregándose bajo el diluvio; notable corrida de Victoriano del Río Compartir Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarPlaza 1Zabala de la Serna MadridMadridSEGUIR AUTORActualizado Domingo, 14 junio 2026 - 23:11Entrevista Alejandro Talavante, triunfador de San Isidro: "Tengo mucha suerte de sentirme incomprendido" Una formidable tormenta convirtió la Corrida de Beneficencia en una tarde homérica, en un ejercicio de heroísmo bajo el viento huracanado y la tromba de agua que anegó el ruedo de Las Ventas. Y esto, no sólo lo que caía, sino lo que había caído, multiplicaba la importancia de la hazaña. Que alcanzaba el rango de proeza titánica cuando enfrente de Alejandro Talavante, Roca Rey y Víctor Hernández se encontraba una imponente corrida de toros cinqueña de Victoriano del Río.
Jugada con otra climatología otro gallo hubiera cantado, pues cuatro toros -especialmente 3º y 6º- sacaron buena nota. El mal estado del piso no causó inseguridad únicamente en los astados, también en los matadores en la hora crucial de irse detrás de la espada y rubricar como merecían sus faenas heroicas, de purísimo toreo en el caso de Víctor Hache, que se tiene que querer morir. 50, el cielo de Madrid se oscureció como si fuera la noche, abrió sus compuertas y bajó a la tierra un vendaval primero y el diluvio después.
Los detalles
En pleno ecuador de la corrida se desencadenó el fin del mundo, en el instante en que Víctor Hernández trataba de gobernar con la pureza de su izquierda no sólo la encastada viveza del toro, sino los endemoniados remolinos del airazo hostil. 08 cuajó una serie de naturales brutal, la mejor de tres trazadas con el pulso de la verdad, allí en los terrenos del «5» y el «6», supuestamente más protegidos del huracán. Debió cambiar la mano en última tanda de la importante faena, pero insistió en su izquierda de oro con la embestida en tono menor.
Despidió la obra -que sonaba a oreja- por ajustadísimas manoletinas, pero media estocada muy tendida y, por tanto, sin muerte arruinó cualquier posibilidad de triunfo. Más de una hora después, ya con la noche a cuestas, Víctor Hache mejoró su deslumbrante versión -brindada a Miguel Martín, director del CAT- con un despampante sexto que llamaba Gorrión. 611 kilos de pajarito, pero con bravura carísima.
Fue la faena un dechado de valentía desde que empezó con las pases cambiados por la espalda -parecía que no cabría el voluminoso toro- y, sobre todo, fue una demostración del deslumbrante toreo que lo adorna, tan encajado, tan roto, tan tomista. Pesaba un quintal la muleta empapada de barro y agua en la mano del torero de plomo, hundido en el fango.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





