
Toros y política
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Una noticia que es portada en la economía: Ensayos liberalesToros y política TOM BURNS MARAÑÓN Actualizado 5 JUL. 2026 - 23:50 Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedIn Enviar por emailEl hemiciclo del Congreso de los Diputados. Europa Press El desinterés por la Defensa El déficit democrático La política requiere de talante, convicción y ética.
Que esto lo sepan y que se lo apliquen los que "dan pases" en el ruedo político es otro tema. Domingo Ortega, que fue la máxima figura del toreo en la década de los treinta del siglo pasado y que, ya retirado, teorizó sobre su profesión, decía que el arte de torear era un cosa y que pegar pases al toro era otra. Cuando estuvo en activo cumplió con maestría con lo que luego explicaría son las tres clásicas reglas de oro de la tauromaquia.
Detalles económicos
Se llaman: parar, templar y mandar. Lo que dicen los sabios como Domingo Ortega sobre el arte que conocen íntimamente, en este caso el de torear, puede servir para señalar las conductas apropiadas en otras áreas y disciplinas, donde también, con harta frecuencia, se "pegan pases". El aficionado taurino comprende muy bien lo que dijo el maestro sobre las reglas de oro de su oficio.
Lo entiende de la misma manera que toda persona dotada con algo de discernimiento sabe que el arte de escribir no consiste en juntar palabras ni el de pintar en dar pinceladas. Y además, no hay que ser un exquisito esteta para entender lo que tiene belleza y valor y lo que carece de ambas cosas. Es así como el que más y el que menos reconoce instintivamente que el arte de la política requiere, de entrada, un talante, una convicción y una ética.
Que esto lo sepan y que se lo apliquen los que "dan pases" en el ruedo político es otro tema. "Parar", para Domingo Ortega y para cualquier taurino de pro, se refiere a los primeros compases de cada lidia, cuando el diestro detiene con el capote las violentas arrancadas iniciales del toro. En política, "parar" es sosegar a los de la fuerza bruta que en los mítines gritan aquello tan ordinario que es "dales caña".
La opinión de los analistas
El matador primero ataja las atropelladas arrancadas del toro y, a continuación, con el capote primero y con la muleta después, le enseña a seguir los engaños que le ofrece. Con el juego de sus brazos, de sus muñecas y de su cintura, arbitra el inicio y la velocidad de las embestidas de la bestia. Esto se llama "templar" en el mundo del toro y en el de la política es la acción de acompasar a la ciudadanía.
El político ha de saber regular y armonizar las expectativas y los arreones del electorado y este conocimiento está reservado a los que sobresalen en el arte de la política. Por último, el deber del matador, según el canon de Domingo Ortega, es el de "mandar". Ha frenado al toro (le ha "parado le ha calmado (le ha "templado y ahora toca dominarlo ("mandar .
Y en el arte del toreo, dominar no es lo mismo que dar pases, es decir, no es la repetición de una tanda tras otra de muletazos.
Los mercados financieros siguen de cerca el desarrollo mientras los inversores evalúan su probable impacto.



