
Una transición de género en la adolescencia, derechos que acompañan, una red que sostiene: un film que es “un retrato del crecer”
“¿Es posible ser trans sin sufrir tanto?”.La pregunta aparece en el film cuando se lo ve a Tristán compartiendo con amigas, amigos, amigues. Disfrutando. También aparece en los textos de presentación.Su historia va por...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. “¿Es posible ser trans sin sufrir tanto? La pregunta aparece en el film cuando se lo ve a Tristán compartiendo con amigas, amigos, amigues. También aparece en los textos de presentación.
Su historia va por ahí. No nace del sufrimiento. Y quizás, en ese sentido, también es una disrupción: Tristán no es un adolescente trans que padece su cambio identitario, que se enfrenta a las personas de su círculo y se va dando portazos con el corazón roto por no saberse aceptado.
Los detalles
Su madre y sus amigos lo abrazan, su escuela lo contiene, el Estado le da derechos, le facilita sus procesos. Lo que no quiere decir que el camino haya sido fácil, que haya estado exento de tensiones, de subibajas. Tampoco es una historia de la marginalidad.
El trailer de Tristán y los días por venir inicia con una voz aniñada pero certera. —se escucha preguntar a una mujer adulta. El trailer de Tristán y los días por venir termina con la imagen de un adulto joven, en sus veintis, la bandera del orgullo trans como capa, anudada al cuello, barba y bigote incipiente, lentes, piercing en la nariz, abanico en la mano, en medio de una marcha.
De fondo, el discurso: “Vienen por nuestros derechos. Hay que seguir defendiéndolos. Hay que seguir construyendo el mundo en el que queremos vivir”.
Qué dicen los expertos
En el medio hay siete años. La historia que comienza con un adolescente de 15 que hacía muy poco había decidido comenzar a exteriorizar lo que en su interior estaba claro: que habitaba un cuerpo que le quedaba incómodo. Que está determinado a ir, en todos los planos de su vida, por esa identidad que ya latía clara: cambiar su DNI, su cuerpo y desplegar enteramente ese que ya sabía que era.
Que empieza a compartir ese proceso con su familia, con sus pares. Es una historia filmada a través del tiempo. Un documental que muestra, como lo definen Martina Matzkin y Gabriela Uassouf, sus directoras, “un retrato del crecer”.
—En realidad creo que ni siquiera me dijeron: “Vamos a hacer un documental”. Dijeron algo más como: “Vamos a filmar un par de cosas, a ver qué sale”. Del otro lado de la pantalla Tristán Alexander Miranda, de 22 años, repasa cómo fue que Martina Matzkin, Gabriela Uassouf y él decidieron comenzar a registrar una serie de momentos —hitos y también episodios cotidianos de su vida— que terminaron por transformarse en siete años de filmación que documentan su transición de género, pero también su paso de la pubertad a la adolescencia más pura, de la adolescencia a la primera adultez.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





