
A nadie le gustan feos ni pobres. A Bad Bunny tampoco
La penúltimaA nadie le gustan feos ni pobres. A Bad Bunny tampocoPor eso Bad Bunny escondió su pobreza detrás de unas refulgentes carillas dentales, por mucho que ahora se arrepienta Facebook X - Twitter WhatsApp...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: La penúltimaA nadie le gustan feos ni pobres. A Bad Bunny tampocoPor eso Bad Bunny escondió su pobreza detrás de unas refulgentes carillas dentales, por mucho que ahora se arrepienta Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email 2 comentariosCarmen TorreblancaSEGUIR AUTORAActualizado Miércoles, 3 junio 2026 - 09:40Hoy lanzo a lo gonzo, como un tiro a bocajarro, la premisa de esta columna: a nadie le gustan los feos ni los pobres. Tampoco a Bad Bunny, ni a Marta Ortega, ni a ti ni a mí.
Vivimos en una elipsis social perpetua donde uno dice lo que debe y calla lo que sabe pero no querría saber. Palabra de persona amamantada en un barrio obrero con cárcel, obligada a contemplar la fealdad tras la verja invisible que separa un mundo del otro. Dios no suele ser justo y nuestra supervivencia aquí radica en parte gracias a ese pánico hacia la miseria, al rechazo de lo dolorosamente horrendo.
Los detalles
Por eso Bad Bunny escondió su pobreza detrás de unas refulgentes carillas dentales, por mucho que ahora se arrepienta. Todos andamos hablando de la casita puertorriqueña de Bad Bunny: un atrezo diseñado para un show de luces de estadio. Se trata de un espacio físico que divide el plano entre quienes participan del espectáculo y quienes, además, detrás de la verja, participan del privilegio, pagando una entrada abusiva para disfrutar durante unas horas del jolgorio latino.
Y nadie, ese ente fantasmal (de nuevo), puede negarnos el derecho a ejercer de voyeurs ocasionales contemplando (ojo, a través de una gigantesca pantalla) a una selección de ricos y famosos, encerrados en una cápsula premium, meneando las caderas a ritmo sabrosón. Algunos, exclaman desde el coro griego, aseguran que también dejan acceder a un pequeño reducto de personas feas y pobres, por si sirve de consuelo, colocadas estratégicamente para hacer bulto en tercera fila, como extras de Villaconejos en una producción blockbuster hollywoodiense. Gocemos de la vida, amigos, mientras el colapso llega montado en Uber.
Porque siempre han existido sobre la tierra verjas que trazan mapas imaginarios, partiendo el mundo en mil trozos. Y uno debería encomendarse a algún santo antes de aterrizar en esta inmensa superficie para que te toque una porción prometedora: a saber, no ser demasiado pobre, tampoco demasiado feo. Y ya que estamos, por qué no decirlo claramente, podríamos añadir una última mala carta: ser latino.
Qué dicen los expertos
Como Bad Bunny, pero del otro lado, de los que limpian casas y ejercen la asistencia social privada sin cotización, a los que también les gusta celebrar, bailando salsa en los pubs del barrio que jamás cruzarás. Viven apilados en las periferias de las ciudades, porque ya sabemos que de casitas andamos escasos. Pero ellos lo tienen incluso peor que tú.
Porque siempre hay otra verja detrás de la verja.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





