
Alan Pauls: “La prosa administrativa, esa que cumple el horario, respeta las reglas y obedece el protocolo, es uno de mis enemigos”
Vive en Berlín desde hace varios años y vino por pocos días a Buenos Aires para presentar su nuevo libro, una novela que lo devuelve al terreno de la ficción. Escritor, crítico y periodista cultural, Alan Pauls fue...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Vive en Berlín desde hace varios años y vino por pocos días a Buenos Aires para presentar su nuevo libro, una novela que lo devuelve al terreno de la ficción. Escritor, crítico y periodista cultural, Alan Pauls fue también profesor de Teoría Literaria en Filosofía y Letras de la UBA, jefe de redacción de la revista Página/30 y subeditor de Radar, el suplemento cultural de Página 12. Es autor de las novelas El pudor del pornógrafo, Wasabi, El pasado (ganadora del Premio Herralde en 2003 y llevada al cine por Héctor Babenco unos años más tarde), de la trilogía Historia del llanto, Historia del pelo e Historia del dinero y de La mitad fantasma.
Como ensayista publicó El factor Borges, Temas lentos, Trance, Fallar otra vez y Alguien que canta en la habitación de al lado. Malas lenguas (Random House) es la nueva novela de Alan y fue presentada en el Malba. En el centro de la historia, una biografía; biografía que una persona escribió y que otra persona lee de manera endemoniada, enferma, controladora, marcando ausencias, datos erróneos, minucias innecesarias.
Los detalles
Quien corrige en el aire (y construye así esta novela) conoce gran parte de la historia de vida que se cuenta y practicó el género en un libro publicado tiempo atrás. Hay un nombre que quien lee busca obsesivamente en esa biografía y ese nombre no tiene en el libro el lugar que debería tener. Ese nombre, Bernal, es además el vínculo amoroso, obsesivo, demencial que une a quien escribe y a quien lee en una carrera desenfrenada de publicaciones, misterios, engaños, envidia y mucha maldad.
Malas lenguas es también una novela sobre los géneros, los literarios y los identitarios, los estables, los híbridos y los fluidos, que cuenta con un humor ácido una historia que recorre un universo cultural de bibliotecas, vernissages y premios literarios de un tiempo sin celulares, en el que todo es inventado pero es posible adivinar huellas de lo real. Un universo narrativo que de algún modo recuerda a Henry James, a Choderlos de Laclos y a Proust con sus cartitas, flirteos, coreografías sensuales, chismes y cuchicheos, pero que en lugar de tener como escenarios salones elegantes y aterciopelados transcurre en su lado B de sucuchos libertinos y decadentes. “Yo no escribo historias.
Desde el principio estoy chapoteando en el chiquero del lenguaje, y si no pasa eso, no me interesa escribir”, dijo Pauls durante la presentación, en la que contó además que fue a partir de un trabajo suyo con textos inéditos de Marcel Proust y ediciones críticas de sus obras que surgió la idea para su novela. En realidad, lo que lo fascinó, según contó, fue advertir las sangrientas batallas discursivas por lecturas o datos entre expertos que podían hallarse en las notas y, sobre todo, la maldad que anidaba en esos enfrentamientos. La entrevista que sigue transcurrió al día siguiente de esa presentación.
Qué dicen los expertos
Con Pauls conversamos, claro, de ese universo maledicente que descubrió investigando la obra del autor de En busca del tiempo perdido, de su trabajo insistente con el lenguaje, de su desinterés por lo que llama “prosa administrativa”, del modo en que frecuenta otras artes que alimentan su sensibilidad y sus ideas y, también, de sus desencuentros -y su fracaso- con la biografía como género. — Te vengo escuchando hablar sobre esta novela, una novela que por otra parte contabas en Malba que trabajaste durante cinco años. Es una novela que tiene un trabajo de la lengua importante y un pensamiento sobre la literatura y sobre la lengua en la literatura y los géneros que también es importante.
Me gustaría hablar un poco de eso. — Sí, bueno, yo soy lento para escribir, las cosas me llevan un buen tiempo. Me gustaría no serlo, pero es así.
Y la novela tuvo como un decurso medio intermitente pero lo extraño es que, a diferencia de otras veces en las que un proyecto se iba demorando o se distraía, en este caso, cada vez que yo retomaba la novela la retomaba con un ímpetu y un entusiasmo increíbles y no me costaba nada retomar. Así que fue una de las novelas que me divirtió más escribir. Quizá porque para mí es una de las más divertidas.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.



