Andy Burnham se convierte en el séptimo primer ministro británico en diez años
Andy Burnham se convierte en el séptimo primer ministro británico en diez añosRelevo político en el Reino UnidoSus primeras medidas se dirigirán a reducir el coste de la vida y eliminar el sinhogarismo, y en los...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Andy Burnham se convierte en el séptimo primer ministro británico en diez añosRelevo político en el Reino UnidoSus primeras medidas se dirigirán a reducir el coste de la vida y eliminar el sinhogarismo, y en los próximos días presentará un plan a diez años vista para afrontar la crisis endémica que padece el paísAndy Burnham en su primer discurso a la puerta de Downing Street, tras recibir el mandato del rey para formar nuevo gobiernoANDY RAIN / EFE Rafael RamosLondres. Corresponsal 21/07/2026 00:05 Si hay un día en que es legítimo comparar la política con el fútbol, es hoy. Inglaterra no gana el campeonato del mundo desde 1966, y no tiene un buen primer ministro desde hace décadas.
Si se les pregunta a los conservadores, desde Margaret Thatcher en los ochenta. Si se les pregunta a los laboristas de centro, desde Tony Blair en los noventa. Y si se les pregunta a los laboristas de izquierdas, hay que remontarse mucho más lejos, a Harold Wilson, James Callaghan o incluso Clement Atlee, creador del Estado de bienestar.
Los detalles
El Palermo italiano llegó a tener nueve entrenadores en una temporada, el Atlético Platense argentino, ocho, y el Atlético de Madrid, seis. El Reino Unido está en esa misma liga, con su quinto primer ministro en cuatro años y séptimo en una década, sin que ninguno de ellos haya conseguido sacar al país del pozo económico, emocional y de autoestima en que se encuentra desde la crisis financiera del 2008. Ahora ha vuelto a tirar los dados en el gran casino de la política, a ver si Andy Burnham le da más suerte que Keir Starmer, Rishi Sunak, Liz Truss, Boris Johnson, Theresa May, David Cameron, Gordon Brown...
Una larga lista de primeros ministros fracasados, de todas las ideologías y personalidades, abrumados por unos problemas estructurales (deuda desmesurada, escasa productividad e inversión, adicción a los subsidios, falta de crecimiento, impuestos elevados, burocracia monumental... ) que ninguno ha logrado superar. Ahora el país prueba fortuna con un nuevo líder, a sabiendas de que los problemas sistémicos persisten, pero esperando que desarrolle desde el banquillo la química suficiente para hacer un equipo más allá de las individualidades y los egos.
Como España en el mundial. Las transiciones políticas británicas no tienen compasión, como las entradas de Leandro Paredes o Enzo Fernández en la final del domingo. De buena mañana Keir Starmer hizo un breve discurso de despedida al que nadie prestó la más mínima atención (la política es cruel con los perdedores, lo mismo que el fútbol), se trasladó al Palacio de Buckingham para renunciar oficialmente al cargo, y se cruzó en el camino con Andy Burnham, que recibió del monarca el mandato para formar gobierno.
Todo en un santiamén, como la cosa más sencilla del mundo. Un camión de la mudanza llegó para llevar las cosas de uno, y otro se presentó en el 10 de Downing Street con los muebles del otro (Theresa May se trajo sus propios sofás porque le gustaban).
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




