
Borges, Fontanarrosa y la vieja pelea: ¿la literatura puede alcanzar la emoción del fútbol?
Cada vez que empieza un Mundial, la misma pregunta vuelve a flotar sobre las mesas de los escritores y los bares de los hinchas: ¿puede la literatura atrapar lo que el fútbol produce? La paradoja la formuló Jorge Luis...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Cada vez que empieza un Mundial, la misma pregunta vuelve a flotar sobre las mesas de los escritores y los bares de los hinchas: ¿puede la literatura atrapar lo que el fútbol produce? La paradoja la formuló Jorge Luis Borges con su estilo habitual: "El fútbol es popular porque la estupidez es popular. " Y también: “El fútbol despierta las peores pasiones.
” Borges no odiaba el fútbol por ignorancia. Lo odiaba porque entendía que ese juego operaba en una zona del ser humano a la que la razón no tiene acceso: un territorio donde la inteligencia no manda. Para Borges, eso era imperdonable.
Los detalles
Esa tensión tiene décadas de historia en las letras argentinas y latinoamericanas. Roberto Fontanarrosa, el Negro, dibujante y escritor nacido en Rosario en 1944, eligió el bando contrario con la misma contundencia: “Si hubiera que ponerle música de fondo a mi vida, sería la transmisión de los partidos de fútbol. ” No eligió una sinfonía ni un poema.
Eligió la transmisión. Porque el fútbol tiene una banda sonora que no se puede escribir: el rugido de la tribuna, el silencio antes del penal, el grito que sale del pecho antes de que la pelota entre al arco. Y también dijo, con franqueza: “Algunos intelectuales serios habrán ocupado sus horas leyendo a Tolstoi, mientras yo leía El Gráfico.
” Una declaración de principios. El Negro intentó atrapar la emoción del fútbol. Su cuento 19 de diciembre de 1971 —publicado en 1982 en el libro Nada del otro mundo— narra la historia de un grupo de hinchas de Rosario Central que secuestra a un viejo para llevarlo al Monumental, porque el viejo Casale nunca había visto perder a su equipo en un clásico y esa cábala se volvió indispensable.
Qué dicen los expertos
El cuento termina con Casale muerto de un paro cardíaco después del pitazo final, después del gol de palomita de Poy, después de la victoria. La voz narrativa lo sentencia con una mezcla de humor y devastación: “¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo esa, hermano! ” Fontanarrosa llegó hasta el borde del abismo.
Galeano y el fútbol como experiencia físicaEduardo Galeano, el escritor y periodista uruguayo, autor de El fútbol a sol y sombra, reconoció que era “chambón irremediable, vergüenza de las canchas”, y que por eso no le quedaba más remedio que pedirles a las palabras lo que la pelota le había negado. "El gol es el orgasmo del fútbol", escribió, y la frase es exacta, pero ¿algún lector sentado en un sillón va a sentir lo mismo que alguien que estuvo en la tribuna cuando la red se movió? Galeano también identificó la resistencia del mundo intelectual ante ese poder: “¿En qué se parece el fútbol a Dios?
En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales. ” Es que el fútbol no pide interpretación ni distancia crítica. Te agarra de la garganta y no te suelta, y mientras lo hace no hay espacio para la teoría ni para nada que requiera pensamiento pausado.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





