
Cambió el columpio por el baloncesto, quería llegar a los JJOO de 2028, pero su sueño se truncó: esta es la historia
La primera relación de Jenifer Muñoz con el baloncesto no comenzó con una pelota en las manos ni con el sueño de convertirse en profesional. De hecho, cuando era niña, prefería estar lejos de la cancha. Mientras su mamá...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. La primera relación de Jenifer Muñoz con el baloncesto no comenzó con una pelota en las manos ni con el sueño de convertirse en profesional. De hecho, cuando era niña, prefería estar lejos de la cancha. Mientras su mamá entrenaba, ella encontraba más diversión en los juegos del parque, especialmente en un columpio que terminó siendo parte de una historia que años después tendría como protagonista a una de las referentes del baloncesto femenino colombiano.
“Mi mamá es la responsable de hacerme basquetbolista, de encaminarme al baloncesto”, contó Jenifer en entrevista con Brayan Arboleda. Su mamá comenzó a jugar baloncesto cuando era joven, pero lo hacía en un grupo donde todos eran hombres. “Mi mamá era la única mujer”, recordó Jenifer.
Los detalles
Esa experiencia hizo que ella quisiera acercar a su hija a la cancha, aunque al principio la tarea no fue sencilla. “Ella me decía: vamos a entrenar y yo no quería”, relató la jugadora colombiana. La distancia tampoco ayudaba: tenían que caminar aproximadamente 45 minutos para llegar al lugar donde entrenaban.
Pero su mamá encontró una forma de convencerla. “Me decía: yo te invito un heladito después”, recuerda entre risas. Durante las primeras semanas, Jenifer no estaba interesada en convertirse en basquetbolista.
Su mamá incluso buscaba alternativas para que la acompañara: “Me decía que cogiera un balón de fútbol y me fuera a los columpios”. La cancha estaba cerca, pero la pasión todavía no aparecía. Hasta que llegó el sexto fin de semana.
Qué dicen los expertos
El día que todo cambió“Le dije que me dejara jugar con ella y ahí rodó todo normal”, contó Jenifer. La niña que iba obligada comenzó a encontrarle sentido al juego y poco a poco la situación se transformó: “Ya cada fin de semana yo quería ir a entrenar”. La oportunidad que confirmó su talento apareció poco después.
Su mamá participó en un torneo y Jenifer fue a acompañarla. Llegaron a la cancha y encontró un escenario diferente al que imaginaba. “Llegamos y estaban todas las señoras menos una.
Ahí me dijeron que jugara y fui la sensación ese día”, recordó. Su desempeño llamó la atención inmediatamente. Un hombre se acercó y le ofreció entrenarla, pero había una dificultad: pagar un proceso de formación no era una opción sencilla para su familia.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





