
Con razón está obsesionada: nuestra editora de moda no piensa quitarse estos pantalones en todo el verano, aunque parezca un payaso
La obsesiónCon razón está obsesionada: nuestra editora de moda no piensa quitarse estos pantalones en todo el verano, aunque parezca un payaso"Al pantalón barrel el payasismo le es consustancial: le faltan solo unos...
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: La obsesiónCon razón está obsesionada: nuestra editora de moda no piensa quitarse estos pantalones en todo el verano, aunque parezca un payaso"Al pantalón barrel el payasismo le es consustancial: le faltan solo unos tirantitos para completar el look Miliki". Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por emailGETTYCharo LagaresSEGUIR AUTORAActualizado Martes, 26 mayo 2026 - 00:03Desde el armario, el payaso se puede hacer de las más variadas formas. Por muchas microrrebeliones estéticas que se encadenen, la convención no pierde músculo.
Es lo que hay y lo que habrá: algunas maneras de vestir se asocian a determinadas etapas de la vida y cuando se alteran y cruzan los años y los escotes, la admiración frente a las que se sublevan se cambia el turno con una leve intuición grotesca. La minifalda, por ejemplo, rompe el largo del uniforme escolar y del hábito de las monjas, por lo que su etapa natural, rebeldía destilada, acaba siendo la adolescencia. El vaquero roto y deshilachado se adueña de los años de universidad, aún libres de la formalidad que exigirá algo más tarde, y durante 40 años más, la vida laboral.
Los detalles
El contexto también se arrima a la edad para trazar las fronteras del circo estético. Cuando, por ejemplo, el trabajo transcurre en una oficina en lugar de una cuadra y la empleada se planta sobre la moqueta vestida con una sola pieza con cierre de hebilla sobre las clavículas, la sabia voz de Paquita Salas se activa en los tímpanos: «Muy moderna y muy mona y todo lo que tú quieras, pero en peto no vengas». Al pantalón barrel el payasismo le es consustancial: con las perneras combadas como un cowboy que ha pasado demasiadas horas sobre su caballo, con la nariz roja garantizada por el colorete gen-Z y las alergias, le faltan sólo unos tirantitos para completar el disfraz de Miliki.
Pero en la redondez del pantalón convexo como un barril se proclama la liberación de las carnes. A diferencia del campanudo de talle alto que se ajusta a la cadera y sólo después se despega, lo que obliga a contener la respiración para evitar que una panzada de carbohidratos plante en los desconocidos la curiosidad acerca del mes de gestación corriente, el barrel no se encasqueta firme y geométrico en el cuerpo. Cede a los abductores el espacio necesario para que pueda completar una clase de pilates.
Anula los efectos del pitillo, pantalón constrictor por naturaleza, y se eleva ante el boyfriend, tan amplio que se lleva por delante todo lo que la calle tenga que ofrecerle, barrendero extraoficial de las aceras. El pantalón abombado reequilibra la silueta desde el tobillo, que queda libre de un corte limpio. Las proporciones se ajustan para que el efecto Jackie O' surta efecto: con la piel a la vista y una pierna que se alarga hasta el ombligo, una evocación de la ligereza se concreta.
En el pantalón barrel se dan los primeros pasos hacia el verano.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





