
Confesiones de una editora de belleza que ha pisado un gimnasio por primera vez en 45 años: sentadillas mortales, limpieza facial a conciencia y mucho colorete
Los mundos de MartaConfesiones de una editora de belleza que ha pisado un gimnasio por primera vez en 45 años: sentadillas mortales, limpieza facial a conciencia y mucho coloreteA mis 45 años he descubierto lo que es un...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Los mundos de MartaConfesiones de una editora de belleza que ha pisado un gimnasio por primera vez en 45 años: sentadillas mortales, limpieza facial a conciencia y mucho coloreteA mis 45 años he descubierto lo que es un gimnasio. Dos veces a la semana me veo obligada a cambiar mis hábitos de belleza, aunque no siempre hago caso a los expertos: no puedo enfrentarme al espejo que ocupa toda la pared del gym en mallas y sin colorete. MARTA SOTILLO Actualizado Miércoles, 17 junio 2026 - 00:07 Compartir en Facebook Compartir en Twitter Enviar por emailSi cambiamos la máscara de pestañas por el colorete , esta podría ser yo en el gimnasio.
GETTY IMAGESLos mundos de Marta Tengo el pelo rizado (a mucha honra) y esto es lo que pasó cuando me lo alisé después de casi 10 años sin hacerlo Los mundos de Marta Amigos (y exnovios) por los pelos Ha pasado. 500 días después de haber nacido y otros casi 12. 000 manteniéndome fiel al lema de "yo prefiero atrofiarme", robado al Woody Allen de Misterioso asesinato en Manhattan,voy al gimnasio.
Los detalles
Todo empezó delante de unas cervezas -un mundillo por el que me muevo con más soltura- con las que celebrábamos el 60 cumpleaños de mi cuñada. Fan del silloning como yo, me sorprendió con la noticia del año: "Voy a yayotraining", bautizando así su modalidad de entrenamiento funcional para añejos vírgenes de sentadillas, búlgaras y burpees. Los efluvios de los botellines y Pepito Grillo grillándome con su "cuando las barbas de tu vecino veas pelar...
" hicieron el resto, y una semana después, y tras el peor día de shopping de mi vida -las mallas, ahora leggings, no me favorecían ni con 15 años-, ahí estaba yo, enfrentándome a Jeff la Roca -apodo de nuestro entrenador, cortesía de mi cuñada-, a planchas imposibles y a una sudada inédita. Cuando conseguí escalar el tramo de escaleras que me devolvía a la calle, llamé a mi incitadora. "Pensaba que me querías", fue mi escueto mensaje, entre jadeos y resoplidos.
Pues sí que me quiere. Resulta que espero con ganas las ocho de la tarde de mis dos días semanales de guerra particular. Resulta que me viene fenomenal al cuerpo y a la cabeza, va a ser que concentrarme en luchar por mi propia supervivencia es el mejor mindfulness.
Por si fuera poco, hacer ejercicio me ha llevado a poner en práctica los consejos expertos con los que he ejecutado más de un reportaje, pero que todavía no había tenido oportunidad de experimentar. A saber, primero y principal, limpiar la cara a conciencia antes y después para evitar que las impurezas que proliferan con la sudada obstruyan los poros. El desmaquillado pre me lo salto a la torera: no puedo enfrentarme al espejo que ocupa toda una pared en mallas, perdón, leggings, y sin colorete, no way.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





