
Daniel Melingo, un personaje mitológico de la música popular argentina
Había una frase que Daniel Melingo repetía cada vez que alguien le preguntaba por qué había “abandonado” el rock para pasarse al tango. La respondía con energía, casi con fastidio: “¡Mi vieja cantaba tangos conmigo en...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Había una frase que Daniel Melingo repetía cada vez que alguien le preguntaba por qué había “abandonado” el rock para pasarse al tango. La respondía con energía, casi con fastidio: “¡Mi vieja cantaba tangos conmigo en la panza! ” Era la corrección de un malentendido que lo persiguió durante décadas y que, en el fondo, decía algo sobre cómo la gente suele leer las trayectorias ajenas: en línea recta, de un punto a otro, como si un músico fuera un tren con itinerario fijo.
Melingo nunca fue eso. Lo suyo era el sincretismo, palabra que usaba con naturalidad para describirse. Tango y ópera por la rama paterna —siempre contaba que su abuela había cantado en la Scala de Milán, su padrastro era manager de Edmundo Rivero—, rock por los primos mayores que llegaron con discos en los años 60.
Los detalles
“La calle, el conservatorio, el arrabal, la academia, el escenario, la familia, el barrio son mis fuentes donde abrevo”, enumeraba con la cadencia de quien sabe exactamente de dónde viene. Esas tres patas —tango, ópera, rock— no se disputaban el espacio en su obra. “La sustancia de melancolía y nostalgia es la misma.
”Melingo tenía el aspecto de un sobreviviente. Alguien que lo conoció bien lo describió, con precisión, como alguien que “carga en sus huesos con las interminables noches de los años 80”. Había algo en su facha de linyera, en ese personaje que tanto le gustaba encarnar —músico de cabaret berlinés de entreguerras, cantor de los bajos fondos, habitante de los márgenes— que no era pura construcción escénica.
Era también autobiografía. Cuando le preguntaban cómo había hecho para sobrevivir a esa época, respondía sin adornos: “Y, sobreviví. Acá estoy, hablándote.
Qué dicen los expertos
Hay un montón de misterios que lo mantienen vivo a uno. Justamente no saber muchas cosas, el terreno de las sombras, me parece muy interesante. Es el que nos revitaliza.
” La frase no era evasión: era, en rigor, su poética. Había una indicación estricta entre quienes lo rodeaban: no llamarlo Daniel, y mucho menos Alejandro Daniel. Su apellido a secas era su nombre artístico.
Como si el apellido contuviera todo lo que necesitaba decir sobre sí mismo: algo entre el lunfardo y la Italia meridional, entre el arrabal y el conservatorio. Esa tensión entre la calle y la academia atraviesa toda su obra. Estudió guitarra clásica y clarinete, cursó armonía, composición, etnomusicología y música contemporánea.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





