
De los portaaviones a los estadios: disuasión y poder geopolítico en el Mundial 2026
El Mundial 2026 entró en etapa clasificatoria. Y, mientras gran parte de la población global sigue atentamente la evolución de la competencia, algo más sucede detrás de los goles, las hinchadas y el deporte. Según los...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. El Mundial 2026 entró en etapa clasificatoria. Y, mientras gran parte de la población global sigue atentamente la evolución de la competencia, algo más sucede detrás de los goles, las hinchadas y el deporte. Según los expertos, más allá de la Copa, hay una competencia que prefiere permanecer oculta: la del poder geopolítico y las rivalidades estratégicas.
Para analizar este fenómeno, DEF dialogó con el coronel (retirado) Omar Locatelli, analista internacional que se anima a poner el Mundial de la FIFA bajo la lupa y reconoce que el fútbol se transformó en una herramienta privilegiada para comprender las dinámicas del poder contemporáneo. El Mundial 2026: entre el deporte y la guerra híbrida-¿Los mundiales de fútbol son eventos deportivos o se transformaron en operaciones geopolíticas? -Hoy vemos una metamorfosis del evento.
Los detalles
Podemos decir que casi se transformaron en operaciones geopolíticas. El Mundial sigue siendo un hecho deportivo, pero su envoltura es una operación de guerra híbrida y proyección de soft power. Funciona como un teatro de operaciones asimétrico donde los Estados no buscan destruir al adversario, sino colonizar su narrativa, ganar legitimidad y construir hegemonía cultural sin disparar un solo tiro.
-Los Estados pueden utilizar este tipo de eventos para construir prestigio internacional, reforzar su legitimidad interna, mejorar su imagen exterior, mostrar capacidad organizativa, tecnológica y de seguridad, y atraer inversiones y turismo. En términos de relaciones internacionales, el Mundial es una expresión de lo que el politólogo Frederic Charrillon definió como soft power (poder blando), entendido como la capacidad de influir mediante la atracción (más que por la coerción). Por ello, hoy sería difícil considerar una Copa del Mundo únicamente como un acontecimiento deportivo.
-¿Puede una Copa del Mundo alterar la posición internacional de un país? -Puede actuar como un acelerador de partículas políticas. El éxito puede consolidar el estatus de una potencia emergente o redefinir la percepción de una región (como lo hizo Qatar en 2022 al posicionarse como mediador diplomático indispensable).
Qué dicen los expertos
Un límite, al respecto, funciona si hay coherencia estructural detrás. Si un Estado intenta usarlo sólo como fachada (sportswashing), sin sustentarlo en realidades geopolíticas o económicas, el evento puede provocar un efecto bumerán, amplificando las críticas internacionales sobre sus vulnerabilidades internas. Entonces, un Mundial no convierte automáticamente una potencia regional en una potencia global.
Sin embargo, puede aumentar la visibilidad internacional, reforzar la marca país, facilitar inversiones, y consolidar relaciones diplomáticas. Existen ejemplos interesantes: en el año 2006, Alemania utilizó el Mundial para proyectar una imagen moderna; luego, Sudáfrica apuntó a consolidar el liderazgo, y, finalmente, Qatar lo empleó como estrategia de posicionamiento global. En definitiva, el Mundial funciona como amplificador de poder, no como creador de poder.
La FIFA, ¿actor transnacional con influencia política? -Sobre la FIFA, ¿es una simple organización deportiva o es un actor de poder global con gran capacidad de influencia? -La FIFA opera como un actor transnacional soberano.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




