
Del efecto llamada al efecto expulsión: Alemania endurece su política migratoria
InmigraciónDel efecto llamada al efecto expulsión: Alemania endurece su política migratoriaTras los apuñalamientos de Mannheim, Solingen y Aschaffenburg, la exigencia de control migratorio deja de ser patrimonio de la...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. InmigraciónDel efecto llamada al efecto expulsión: Alemania endurece su política migratoriaTras los apuñalamientos de Mannheim, Solingen y Aschaffenburg, la exigencia de control migratorio deja de ser patrimonio de la ultraderecha para convertirse en una demanda transversal que hoy gobierna Alemania Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarEl canciller Friedrich Merz, ayer, en Berlín. RALF HIRSCHBERGERAFPCarmen Valero BerlínBerlínActualizado Jueves, 11 junio 2026 - 02:20Naciones Unidas Alemania descubre sus límites: la humillación diplomática que la deja fuera del Consejo de Seguridad de la ONU Gran angular Merz cumple un año en el poder con popularidad bajo mínimos, AfD al alza y tensión con Trump: "Vamos a recortar mucho más de 5. 000 soldados en Alemania" La inmigración es uno de los asuntos más espinosos de Alemania.
El país alberga a más de tres millones de refugiados y personas bajo protección internacional, entre ellos más de un millón de ucranianos y cerca de un millón de sirios llegados durante la crisis migratoria de 2015, cuando Angela Merkel abrió las fronteras a quienes huían de la guerra y del colapso humanitario en Siria. Pero la contestación que marcó aquellos años ha dejado las calles para instalarse en las urnas, el Parlamento, los tribunales y el Ministerio del Interior. Uno de los detonantes de ese cambio fueron los apuñalamientos mortales de Mannheim, Solingen y Aschaffenburg.
Los detalles
En dos de esos casos, las autoridades habían rechazado previamente las solicitudes de asilo de los agresores o habían decidido que debían abandonar Alemania. La exigencia de un mayor control de la inmigración y de más seguridad dejó así de ser patrimonio casi exclusivo de la ultraderecha para convertirse en una demanda transversal, alimentada por las dudas sobre la capacidad del Estado para ejecutar expulsiones y hacer cumplir sus propias decisiones migratorias. A ello se suma una población irregular difícil de cuantificar.
Según los últimos datos de Eurostat, las autoridades alemanas detectaron en 2024 cerca de 250. 000 personas sin permiso de residencia o estancia legal, la cifra más elevada de toda la Unión Europea y alrededor del 27% del total registrado en el conjunto comunitario. El cambio en la política migratoria se percibe con claridad desde la llegada al poder de los conservadores de Friedrich Merz, que gobiernan en coalición con el Partido Socialdemócrata.
El nuevo Ejecutivo —en el que figuras especialmente duras en materia migratoria, como el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, desempeñan un papel central— ha situado el endurecimiento migratorio en el centro de su acción de gobierno: más controles fronterizos, más devoluciones y una política de deportaciones más agresiva. Alemania mantiene controles en sus fronteras con Polonia, República Checa, Austria y otros países vecinos, una medida que hace apenas unos años habría resultado difícil de imaginar en el corazón del espacio Schengen.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





