
Doce horas en Ferraz: entre la angustia y la homeopatía
A las nueve menos cinco de la mañana del miércoles, un vecino se asoma al balcón, enciende un cigarrillo y mira los balcones de enfrente, ensimismado en sus pensamientos. Cerca, un conductor se baja de la furgoneta,...
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. A las nueve menos cinco de la mañana del miércoles, un vecino se asoma al balcón, enciende un cigarrillo y mira los balcones de enfrente, ensimismado en sus pensamientos. Cerca, un conductor se baja de la furgoneta, abre el maletero, saca una caja enorme y entra en la farmacia donde la dejará y de la que regresará con el albarán firmado.
En la terraza de la esquina, veinteañeras con aspecto anglosajón devoran tostada de aguacate y salmón en un pan que ha salido del congelador y por el que le cobrarán una fortuna. La calle de Ferraz, en el tramo que va de Quintana a Marqués de Urquijo, es otra calle más de otro barrio más de Madrid.
Dentro de la sede del PSOE, es otro cantar.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





