
Edgar Morin o la ética de la complejidad
In memoriamEdgar Morin o la ética de la complejidad"Sabía demasiado para entregarse a optimismos baratos. Nunca aceptó el cinismo como última palabra", recuerda el catedrático que compartió con él complicidades en una...
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: In memoriamEdgar Morin o la ética de la complejidad"Sabía demasiado para entregarse a optimismos baratos. Nunca aceptó el cinismo como última palabra", recuerda el catedrático que compartió con él complicidades en una visita a la Complutense hace más de 15 años Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarEl pensador francés, retratado en Bari (Italia), en 1994. GETTY Emilio Lamo de Espinosa*Actualizado Domingo, 31 mayo 2026 - 02:13Ha muerto Edgar Morin, a los 104 años, y con él desaparece una de las últimas figuras de aquel siglo XX que produjo intelectuales totales, capaces de vivir la historia, padecerla, pensarla y convertirla en problema moral.
Morin no fue sólo un sociólogo francés, ni un filósofo de la complejidad, ni un resistente antifascista, ni un heterodoxo de la izquierda, ni un escritor inagotable. Fue todo eso a la vez, y precisamente ahí residía su singularidad: en la negativa a aceptar que la realidad pudiera ser entendida desde un solo ángulo. Recuerdo bien una visita suya a España, en 2009, a la Universidad Complutense, pues tuve el honor de presentarlo y moderar la sesión.
Los detalles
Era ya un hombre mayor, un anciano, pero conservaba algo que no siempre acompaña a la edad: curiosidad. No la curiosidad de quien acumula noticias, sino la curiosidad profunda de quien sabe que cada fenómeno humano arrastra consigo capas de historia, biología, mito, economía, imaginación, sufrimiento y esperanza. Morin escuchaba con atención, respondía sin dogmatismo y parecía incómodo ante respuestas demasiado cerradas.
Nacido en París en 1921 como David-Salomón Nahoum de familia judía sefardí procedente de Salónica (pero no practicante por tres generaciones) quedó marcado tempranamente por la muerte de su madre cuando solo tenía 10 años. Tuvo su bautismo político con la Guerra Civil española, tomando entonces el nombre con el que sería conocido universalmente y que robó de un personaje de L' Espoir, de Malraux: el jefe de los voluntarios que apoyaban a la aviación republicana durante la Guerra Civil española. Participó activamente en la Resistencia durante la ocupación nazi y su primer libro, El año cero de Alemania, trazaba un cuadro de la Alemania destruida y sonámbula de 1945-1946, que había conocido como oficial del ejército de ocupación francés.
Como tantos jóvenes de su generación, se afilió al Partido Comunista en 1941, del que fue expulsado en 1951. Esa experiencia, narrada en su libro Autocrítica (1959), fue decisiva: Morin aprendió que las ideas pueden emancipar, pero también esclavizar. De ahí nace una de las constantes de su obra: la desconfianza hacia el pensamiento reductor.
Morin no oponía la complejidad a la claridad, como a veces se cree. La complejidad no es oscuridad ni barroquismo verbal, es la obligación (cognitiva, pero también moral) de no amputar una parte de lo real para que encaje cómodamente en nuestros prejuicios.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





