
El día del orgullo hetero
De la interminable apoteosis balompédica no sé qué llevo peor: a los moralistas chuscos que usan cada mínimo gesto de decencia para explicar obviedades como que todos los españoles son españoles, a los científicos del...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. De la interminable apoteosis balompédica no sé qué llevo peor: a los moralistas chuscos que usan cada mínimo gesto de decencia para explicar obviedades como que todos los españoles son españoles, a los científicos del soccer, que quieren hacernos creer que el concepto “fuera de juego” es inasible o a los filósofos de dos pesetas que sostienen que el fútbol es un Aleph que contiene absolutamente todo, cuando en realidad se deja tantísimo fuera. Una rosa es una rosa y un fife, un fife. ¿Pueden ellos diferenciar una falda cortada al biés de una cortada al hilo?
¿Saben cómo se quitan las manchas de sangre de los tejidos blancos? ¿Cómo se titula el quinto disco de Madonna? No necesito que un analista, un coach o un periodisteta —periodista poeta— me expliquen con prosa engolada los motivos por los que la noche del domingo me desgarré las amígdalas viendo un juego que generalmente me despierta cero unidades de interés.
Los detalles
Ni por qué lo hice vestida de rojo y rodeada de mis amigos homosexuales. Ellos no son rencorosos, a pesar de que sus homófobos profesores de gimnasia les humillasen por tener pluma en los penaltis. Yo, en cambio, no me olvido de que Oliver y Benji eran, además de magos del balón, unos misóginos de tomo y lomo.
Ni de todos los recreos que pasé ensayando coreografías de divas pop en un espacio vergonzosamente mínimo porque el patio estaba reservado para los verdaderos campeones. Unidos por la furia, mis colegas y yo estuvimos toda la final cosificando a los jugadores, voceándoles piropos de esos que los hombres ya no le pueden decir a las mujeres. Los futbolistas, mientras, se pegaban empujones violentos.
Si acaso, que nos expliquen si funciona el grito primal, esa técnica psicoterapéutica desarrollada en los años setenta por Arthur Janov que consiste en revivir y liberar el dolor reprimido mediante un alarido instintivo y profundo. Por él me duele a mí ahora la garganta. A veces no queda otra que dejarse llevar.
Y eso lo entiende cualquier imbécil.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.



