
El fin de la abuelidad asegurada: cuando la baja natalidad cambia el mapa emocional de la vida
Cumpleaños de 65. Tragos, temas ochentosos sonando fuerte y cuatro mujeres atacando la mesa dulce mientras se ponen al día sobre sus hijos: trabajos, ciudades y proyectos distintos. Pero un punto en común: sin planes de...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Tragos, temas ochentosos sonando fuerte y cuatro mujeres atacando la mesa dulce mientras se ponen al día sobre sus hijos: trabajos, ciudades y proyectos distintos. Pero un punto en común: sin planes de tener hijos. La charla duró diez minutos y alcanzó para pasar de “¿en qué andan los tuyos?
” a teorías sobre la baja natalidad y a una pregunta con nostalgia anticipada: ¿y si nunca somos abuelas? Por suerte, una salvó el clima pachanguero: “Yo ya me decreté abuela: al perro de mi hija le digo nieto”. Otra subió la apuesta: “No desesperemos, en cualquier momento sale a la venta el nieto robot con inteligencia artificial”.
Los detalles
Nos reímos y volvimos a la pista al ritmo de Los Twist. Pero la pregunta quedó ahí: si tener hijos dejó de ser destino, ¿ser abuelos también? Hay datos hasta que entran en la casa.
Hasta que dejan de hablar de “la población” y empiezan a hablar de nosotros. De las conversaciones familiares. De las expectativas que nadie firmó, pero muchos dieron por hechas.
La baja natalidad es uno de esos datos. Solemos leerla como tendencia demográfica, preocupación previsional o tema de agenda pública. Pero por debajo de esa discusión corre otra, más íntima y menos dicha: cada vez más personas mayores no serán abuelas ni abuelos.
Qué dicen los expertos
En una publicación de la Revista del Hospital Italiano de Buenos Aires, Sebastiani y Discacciati plantean una idea sobre la caída de los nacimientos y el lugar de las personas mayores dentro de la familia: la caída de los nacimientos no solo modifica la estructura demográfica; también redefine el lugar de las personas mayores dentro de la familia. Los datos argentinos que citan indican: más del 57% de los hogares del país no convive con niños o adolescentes. Hace tres décadas, ese número era del 44%.
El 12% de la población tiene más de 60 años y muchas de esas personas no llegarán a tener nietos. Ahí está el punto: la baja natalidad no solo cambia la pirámide poblacional. Cambia el calendario emocional de la vida.
Durante generaciones, la abuelidad funcionó como un hito que parecían venir incorporados al guión. Se crecía, se trabajaba, se formaba una familia, los hijos crecían, los hijos tenían hijos, y la vejez abría una nueva escena de sentido: cuidar sin criar, transmitir sin mandar, amar con otra libertad. Ese recorrido ya no está asegurado.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.




