
El fin de la era dorada de los late shows: entre el odio de Trump, los intereses de las cadenas y la caída de las audiencias
TelevisiónEl fin de la era dorada de los late shows: entre el odio de Trump, los intereses de las cadenas y la caída de las audienciasEl formato televisivo que marcaba la conversación pública y atraía a las grandes...
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. TelevisiónEl fin de la era dorada de los late shows: entre el odio de Trump, los intereses de las cadenas y la caída de las audienciasEl formato televisivo que marcaba la conversación pública y atraía a las grandes estrellas vive sus momentos más difíciles, como demuestra la despedida de Stephen Colbert de la parrillaEl teatro Ed Sullivan de Nueva York era la sede del programa de Stephen Colbert. GETTY Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarPablo R. Suanzes Washington D.
SEGUIR AUTORActualizado Lunes, 1 junio 2026 - 22:39Durante décadas, Estados Unidos se ha tomado el pulso cada noche a eso de las 23. No en los telediarios, ni gracias a los periódicos o las tertulias, sino con millones de personas sentadas fielmente en pijama ante la pequeña pantalla, esperando a que unos hombres graciosos, con traje, corbata y una banda tocando en directo, les explicaran qué había pasado y por qué debían tomárselo en serio, pero no demasiado. Sullivan, Carson, Letterman, Leno, O'Brien, Maher, Stewart, Kimmel, Colbert.
Los detalles
Una larga lista de sacerdotes laicos del humor y la ironía, con homilías cada vez más duras y políticas, para una América desesperada por reírse de sí misma antes de poder conciliar el sueño. Desde hace 70 años, los estudios más famosos de Nueva York y Los Ángeles se llenan a diario de público entregado, equipos enormes y carísimos de producción y la élite del mundo del cine, la música o la farándula como invitados. The Late Late Show, Jimmy Kimmel Live!
, The Arsenio Hall Show, The Daily Show, Gutfeld!. Historia viva del último siglo con presentadores que ganan 15 o 20 millones de dólares por temporada convertidos en iconos culturales. Hombres que eran capaces de marcar la conversación política a nivel nacional, disparar las ventas de un disco o la taquilla de una obra, pero también de irritar a presidentes y senadores ofreciendo «una rebelión segura, predecible y controlada.
Algo relajante e intrascendente», en palabras de Lili Loofbourow, crítica de televisión de The Washington Post. La gente apreciaba a los presentadores, pero sobre todo el formato, la estabilidad, la rutina. El mismo tipo de escenarios, de colores, de cortinas.
Qué dicen los expertos
El orden de monólogos e invitados, la actuación musical. El secreto estaba en el ritual y la previsibilidad en un mundo que todavía tenía inicio y fin, y no era un scroll perpetuo. El fenómeno del late show sigue vivo, y se ha exportado con muchísimo éxito por todo el planeta, pero ya no es lo mismo.
Los legendarios programas, con presupuestos de 50, 70 o más de 100 millones de dólares al año para apenas 60 minutos de emisión, apenas congregan ya entre uno y dos millones de espectadores, audiencias menores queEl Hormiguero, Pasapalabrao Sálvame Deluxe en sus buenos tiempos. «El formato está lejos de haber muerto.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





