
El fracaso de la mal llamada Iglesia Catalana
AnálisisEl fracaso de la mal llamada Iglesia CatalanaLos creyentes catalanes están cada vez más alejados del nacionalismo Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarEl Papa...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Surgen avances clave en el escenario mundial. AnálisisEl fracaso de la mal llamada Iglesia CatalanaLos creyentes catalanes están cada vez más alejados del nacionalismo Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarEl Papa León XIV llegando a la Sagrada Familia de Barcelona, rodeado de banderas independentistasVictoria RoviraArabaOriol TrillasActualizado Miércoles, 10 junio 2026 - 22:56 Audio generado con IAVisita León XIV ensalza la Sagrada Familia como "signo de unidad y concordia para toda España" Barcelona El catalán se impone en Montserrat durante la visita de León XIV, que se encomienda a la Moreneta: "Que nos enseñe a renunciar a palabras hirientes" Cuando en el año 2003 Romà Casanova fue designado obispo de Vic y afirmó que "la iglesia catalana no existía, sino que se debía hablar de la Iglesia en Cataluña", le organizaron un escrache en las puertas de la catedral durante su ordenación episcopal. Una escena que resulta hoy difícilmente imaginable. Todos aquellos airados manifestantes son muy mayores o han fallecido sin apenas relevo generacional.
La principal entidad que promovió el boicot, Esglèsia Plural, se disolvió en 2019 por pura falta de efectivos. Uno de sus últimos integrantes, Josep Torrens, lo resumía con crudeza: "Se nos moría la gente, otros estaban cansados y al final solo quedamos dos o tres personas". Más de 20 años después, la frase de Casanova ha resistido mejor el paso del tiempo que quienes trataron de combatirla.
Los detalles
La gran paradoja del catolicismo nacionalista contemporáneo es evidente: mientras determinados sectores políticos y mediáticos siguen reivindicando la existencia de una supuesta "Iglesia catalana", la vida real de la Iglesia en Cataluña se sostiene hoy sobre sectores sociales y culturales cada vez más alejados de ese imaginario. Cataluña, como el conjunto de Europa occidental, presenta elevados niveles de secularización. Pero la práctica religiosa que aún subsiste tiene hoy un perfil sociológico muy concreto: una feligresía mayormente castellano hablante, con una estimable proporción de la inmigración hispanoamericana.
Resulta significativo que las parroquias más pujantes de Barcelona se encuentren tanto en la parte alta de la ciudad -más conservadora- como en Nou Barris y otras zonas periféricas donde se concentra la inmigración. Basta un ejemplo: en la parroquia de la Virgen de la Luz, en el muy humilde y degradado barrio de La Florida en Hospitalet de Llobregat, se confirmaron esta Pascua 76 adolescentes. Una cifra que no alcanzan ni todas las parroquias juntas de más de un arciprestazgo barcelonés.
Por contraste, donde la desertización religiosa resulta más visible es en la Cataluña rural, precisamente aquella que durante años abrazó con más intensidad al independentismo. En muchos de esos municipios, antaño profundamente católicos, apenas se bautizan niños ni se contraen matrimonios por la Iglesia. Existen pueblos en los que hace años que no se celebran primeras comuniones.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





