
El gran novelista americano y premio Pulitzer Richard Ford reflexiona sobre la literatura y la política: “Al final siempre van de la mano”
Richard Ford es uno de los más grandes novelistas norteamericanos que continúan en activo, autor de obras totémicas como El periodista deportivo, El día de la Independencia (por la que ganó el Premio Pulitzer), Acción...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Richard Ford es uno de los más grandes novelistas norteamericanos que continúan en activo, autor de obras totémicas como El periodista deportivo, El día de la Independencia (por la que ganó el Premio Pulitzer), Acción de Gracias o Canadá. Después de su última obra, Sé mía, el autor ha publicado un ensayo titulado En palabras sencillas, que parte de una pregunta que lleva décadas rumiando: ¿puede considerarse a sí mismo un novelista político? El volumen, publicado por Feltrinelli, traducido por Damià Alou y que consta de 124 páginas, comienza con una cita de Stendhal sobre la irrupción de la política en la literatura: “La política en medio de una obra literaria es como un pistoletazo en medio de un concierto, una zafiedad a la que, sin embargo, no se le puede negar atención”.
A partir de ese momento, Richard Ford planteará el interrogante que articulará el ensayo: si es o no es un novelista político teniendo en cuenta las obras que ha hecho. Una forma de autoanálisis después de 50 años ejerciendo el oficio de escritor. Un proceso de aprendizaje Durante años, ese asunto no le interesó demasiado.
Los detalles
Cuando era un escritor aspirante no veía utilidad novelesca en una vida política que percibía como pérfida y engañosa, y prefería concentrarse en las relaciones humanas íntimas. Sin embargo, llegó un momento en el que se dio cuenta de que el clima de su país se iba colando en sus tramas y otorgaban a sus personajes una dimensión totalmente diferente. El núcleo de la reflexión de Ford consiste en que lo público y lo privado no son esferas separadas.
Una de las conclusiones centrales del libro sería que la vida privada comparte con la vida pública del Estado la búsqueda del bien, de modo que la novela se vuelve política cuando muestra cómo la historia afecta al destino de los individuos. Ese aprendizaje fue lento. Ford revisa el proceso por el que se fue politizando al volver sobre sus cuatro primeros libros: Un trozo de mi corazón de 1976, La última oportunidad de 1981, El periodista deportivo de 1986 y Rock Springs de 1987.
En ese recorrido, Frank Bascombe aparece como el personaje que le permitió entender al protagonista de ficción como testigo de su tiempo y de su lugar. Ford tardó años en reconocer el significado político de lecturas que ya tenía delante, como ¡Absalón, Absalón! de William Faulkner o Huéspedes de la nación de Frank O’Connor.
Qué dicen los expertos
Lo que en un principio veía como materia inventada acabó revelándose como una forma de conectar historia, violencia y vida individual. “Al final, siempre van de la mano, aunque no te des cuenta”, dice. Un ensayo sobre la reflexión de la escrituraLa revisión de su trayectoria incluye el peso del lugar de origen.
Ford creció en el Misisipi de los años sesenta, con la cuestión racial todavía instalada en la vida pública, y que convivía a escasa distancia simbólica de figuras como Eudora Welty y Faulkner. Además, el autor descubrió que padecía dislexia, una condición que ralentizaba sus lecturas pero le obligaba a atender más a las palabras y a sus significados. La reflexión sobre el oficio se mezcla con una decisión práctica sobre su propia obra.
Ford ha afirmado que su personaje Frank Bascombe no volverá a aparecer y que la trayectoria terminó con Sé mía, publicada en 2024 por Anagrama. También ha explicado que quiere ser él quien decida cuándo parar. Ese final no implica silencio.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





