
El hombre que baila a los cuadros: "El flamenco no debe cortar las alas a quienes abrimos nuevos caminos"
DanzaEl hombre que baila a los cuadros: "El flamenco no debe cortar las alas a quienes abrimos nuevos caminos"El bailaor Francisco Hidalgo encontró en el arte pictórico una puerta a la inspiración. Pasamos una mañana...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. DanzaEl hombre que baila a los cuadros: "El flamenco no debe cortar las alas a quienes abrimos nuevos caminos"El bailaor Francisco Hidalgo encontró en el arte pictórico una puerta a la inspiración. Pasamos una mañana con él en el Museo Thyssen para acompañarlo en su proceso creativo Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarSara PoloTexto José AymáFotografías Reda SlaftiVídeo TextoFotografíasVídeoActualizado Viernes, 5 junio 2026 - 14:51Un trueno rompe de golpe el silencio sepulcral. tracatrá-tracatrá-tracatrá.
Y de nuevo, el vacío. Los zapatos negros ahora resuenan contra el mármol, ahora se deslizan con un leve siseo. Las paredes retumban, responden a la afrenta con un eco descarnado.
Los detalles
El edificio vacío de buena mañana se estremece, se oscurece. No existen nada más que los colores vivos y las formas informes del surrealismo, nada más allá de esa sala 44 del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid en la que un hombre baila sin música. En la que un hombre le baila a los cuadrosLa cabeza lisa y brillante de Francisco Hidalgo resplandece mientras su cuerpo se agita.
Zapatea, tracatrá-tracatrá-tracatrá, mira al infinito, a la nada, frena en seco, resbala despacio, lento, se vuelve con infinita quietud. Observa El proscrito deslumbrante de Roberto Matta (1966) y la impresionante composición lo envuelve, las cinco obras dispuestas en un cubo abierto terminan por acogerlo entre verdes, rojos y amarillos, lo funden con los gruesos trazos negros que recorren su geografía. Un universo abstracto como sus movimientos eclécticos, también como su mirada.
Es imposible ponerse en su piel, ver con sus ojos, sonar con sus pies, sentir con sus manos, sumergirse en el misterio de su gesto. Pero a la vez, en esa concentración infinita y contagiosa, todo cobra sentido. El bailaor toma aire, su pecho se infla bajo la camisa negra abierta que vuela en cada giro, suena la pintura, vibran los colores, su sombra se extiende sobre el lienzo, penetra en su historia, se adueña de su discurso.
Qué dicen los expertos
Hace tiempo que Francisco Hidalgo decidió que lo suyo era liberarse de las ataduras del ritmo y bailarle al silencio. Al silencio y a la pintura. Llegó al arte pictórico por pura curiosidad y se quedó a vivir en esa sinergia para convertirla en su gran proyecto de investigación.
«Yo siempre he querido bailar, pero necesitaba encontrar una forma personal de hacerlo, había algo en mí que no tenía cabida en el flamenco ortodoxo», asegura. Ni siquiera su propio físico se adapta a los cánones clásicos empezando por el pelo, o por la ausencia del mismo. Confiesa sotto voce que la alopecia le ha costado más de un disgusto y algún que otro rechazo los tablaos más puristas.
«He encontrado en las artes plásticas una herramienta para llegar a mi cuerpo, a mi imaginario, para dar una consistencia a mi danza y encontrar otros mundos», explica.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





