
El médico gerontólogo Carlos Presman advierte sobre el costo biológico de la soledad: el dolor social que nos acorta la vida
Para el médico gerontólogo Carlos Presman, la discusión sobre vivir cien años no se resuelve con genética, controles o tecnología, sino en un punto menos visible y más decisivo: la soledad y las condiciones sociales que...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Para el médico gerontólogo Carlos Presman, la discusión sobre vivir cien años no se resuelve con genética, controles o tecnología, sino en un punto menos visible y más decisivo: la soledad y las condiciones sociales que moldean la salud mucho antes de que aparezcan la hipertensión, la diabetes o el insomnio. En una exposición sobre longevidad saludable en IADELA (Instituto Argentino de la Longevidad Activa), sostuvo que “la soledad es la causa de las causas de las enfermedades más frecuentes y que nos acortan la vida”, y ubicó allí la tensión central de un tiempo que promete más años de vida mientras multiplica el aislamiento y el miedo. El docente de la Universidad Nacional de Córdoba y médico del Hospital Nacional de Clínicas planteó además que, entre los factores que determinan la longevidad, la genética explica apenas el 10%, las enfermedades el 30% y el resto depende del ambiente y de las condiciones de vida.
En esa misma línea, afirmó que “el código postal dice mucho más de una persona que toda su historia clínica”. Presman expuso que el envejecimiento debe leerse como un fenómeno colectivo y no solo individual. “La posibilidad de la longevidad es un éxito colectivo”, dijo, al tiempo que describió a los adultos mayores como “inmigrantes del tiempo”, forzados a adaptarse a cambios tecnológicos, sociales y culturales que alteran los vínculos, los cuidados y la vida cotidiana.
Los detalles
El eje de su planteo fue que muchas variables clínicas que hoy ordenan la prevención no son causas primarias, sino efectos. “La presión arterial no es el problema, sino la consecuencia del problema”, sostuvo, y extendió esa misma lógica al peso corporal, la glucemia, el sueño, la alimentación, los lípidos en sangre, el tabaquismo y el consumo de alcohol o drogas. La longevidad, según Presman, depende más del entorno que de la herenciaPresman organizó su explicación a partir de tres determinantes de la longevidad: herencia, enfermedades y ambiente.
Sobre esa base, insistió en que la biología humana “siempre está situada y es sensible al contexto”, por lo que no puede pensarse la salud fuera de las condiciones materiales de existencia: llegar a fin de mes, pagar el alquiler, alimentarse y abrigarse. Sostuvo que la mirada biomédica suele recortar indicadores y transformarlos en metas rígidas. Usó la imagen del “lecho de Procusto” para cuestionar la tendencia a medir a todas las personas con los mismos parámetros, sin considerar que cada cifra corporal está atravesada por historia, entorno y experiencia.
Durante su charla repasó los ocho pasos esenciales para la salud cardiovascular definidos por la American Heart Association: sueño, alimentación, actividad física, glucemia, peso corporal, lípidos, presión arterial y tabaquismo. Señaló que un estudio publicado en el Journal of the American College of Cardiology mostró que controlar esos ocho factores reduce casi un 50% la mortalidad cardiovascular y también disminuye las muertes por cáncer y por otras causas no cardiovasculares. Aun así, remarcó que esos indicadores no agotan el problema.
Qué dicen los expertos
Para Presman, cuando una persona no hace ejercicio, no duerme, come mal o fuma, la pregunta decisiva no es qué valor dio un estudio, sino por qué ocurre. “A medida que ustedes van tratando de responderse por qué, por qué, por qué, nos acercamos a la verdadera causa del problema”, explicó. El miedo y la carga alostática como precio biológico de sobrevivirEl médico vinculó esa búsqueda causal con un concepto central de su exposición: la carga alostática, entendida como el costo fisiológico que paga el organismo cuando debe adaptarse a exigencias persistentes.
Según dijo, la emoción que media ese proceso es el miedo, al que definió como “la emoción más antigua y más intensa de la humanidad”, y en especial el miedo a lo desconocido. Su tesis fue que el cuerpo sacrifica salud para asegurar supervivencia. Frente a un entorno vivido como amenaza, aumenta la presión arterial, sube la glucemia, crece el apetito y el organismo se prepara para la lucha o la huida.
Afirmó que “el ser humano degenera o entrega su salud para sobrevivir adaptándose”. Presman sostuvo que esa adaptación sostenida explica parte del aumento de enfermedades metabólicas, cardiovasculares e inmunológicas. Mencionó la resistencia a la insulina, la diabetes, la rigidez arterial, la inflamación crónica y el depósito de grasa visceral asociado al aumento del cortisol, con especial impacto abdominal.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




