
El victimismo, enfermedad infantil de la política
Vivimos un tiempo en el que se ha cultivado una sensibilidad que se ofende por todo. Una época que confunde el argumento con el insulto y el disenso con la ofensa irreductible.El agravio funciona como un escudo que...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Vivimos un tiempo en el que se ha cultivado una sensibilidad que se ofende por todo. Una época que confunde el argumento con el insulto y el disenso con la ofensa irreductible. El agravio funciona como un escudo que vuelve indiscutible al que lo porta: si me ofendés, ya no tengo que responderte, me basta con sentirme herido y cancelarte, apagarte el micrófono y refunfuñar entre dientes.
Silenciar a un compañero que está denunciando la injusta detención de CFK en virtud de una sentencia amañada y atravesada por nulidades insanables, sintetiza un estado de situación sobre la que debemos reflexionar seriamente, en razón de nuestra propia historia atravesada por tantas injusticias: bombardeos, golpes, fusilamientos, cárceles, desapariciones, proscripciones y exilios. Podemos discutir todo, pero hay un piso común que debemos respetar: la solidaridad con quien paga con su propio cuerpo el rencor descomedido de un poder ciego que no le perdona al peronismo haber nacido para traer dignidad a nuestra Patria. Cada vez que se apaga una voz, no se comete apenas una descortesía: se repite un patrón demasiado conocido.
Los detalles
Los peronistas sabemos lo que es la censura: vaya el recuerdo del decreto 4161 de 1956 que prohibía nombrar a Perón o a Evita. ¿Acaso apagando micrófonos queremos silenciar el justo reclamo por la inocencia de Cristina? Apagar el micrófono no es ejercer una convicción ni defender nada.
Es la confesión lisa y llana de que no hay nada para decir sino para silenciar. El que tiene razones, contesta. El que no las tiene, censura.
No es saludable que el gobernador enfrente las políticas de ahogo financiero a la provincia, de desindustrialización y pérdida de empleo, mientras en el senado provincial se tejen acuerdos con los representantes de esa misma política entreguista. Esa doble vara se traduce en una política de tirar la piedra, esconder la mano, victimizarse y hacer de eso una bandera. Sobre la victimización como método y la responsabilidad como respuestaLa política se ha vuelto el escenario que hizo de la susceptibilidad un método.
Qué dicen los expertos
Y de la victimización, una carrera. La faz agonal de la política es la etapa del debate, de la acumulación, de la disputa de representación, del despliegue de la voluntad de poder como mecanismo de acceso a la legitimidad democrática. El peronismo siempre cultivó el debate interno: franco, áspero, frontal.
Un debate atravesado por verdades dichas con convicción y no mediante lamentos impostados. Allí residió siempre la vitalidad de un movimiento tumultuoso, lleno de vida, que se nutría justamente de las miradas provenientes de múltiples vertientes que sin embargo confluían en un mismo cauce. Lo diverso no agraviaba, enriquecía.
El matiz no sofocaba, ampliaba las bases propias y permitía síntesis más abarcadoras. Pero los tiempos han cambiado. El progresismo de las almas sensibles cultivó la cultura de la ofensa fácil.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





