
En mi propia casita
Si se toma como una heroica victoria del pueblo el haber conseguido que a la Casita de Bad Bunny puedan entrar feos, gordas, sesentones, personas con discapacidad, torpes, chicas desaliñadas o, por subir a la utopía,...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Surgen avances clave en el escenario mundial. Si se toma como una heroica victoria del pueblo el haber conseguido que a la Casita de Bad Bunny puedan entrar feos, gordas, sesentones, personas con discapacidad, torpes, chicas desaliñadas o, por subir a la utopía, aquellos puertorriqueños humildes a los que suponemos que Benito representa; si el triunfo de esta semana en la que se ha abusado de la palabra “contradicción” ha sido que seres poco agraciados sean admitidos en la dichosa Casita, lo que debiera celebrarse es que contemos con tiempo para andar ocupándonos de una reivindicación tan insustancial. Lo que se deduce de tanto debate autojustificativo es que necesitamos ahormar la realidad para que no se nos pille en un renuncio, más aún cuando con tanta frecuencia situamos la pureza en un listón tan alto.
Resumiendo, si un rockero de 70 años se hubiera valido de ojeadores para pillar jovencitas entre el público le habría caído una buena, y con razón: polla vieja, viejuno, señoro, pero ha sido fascinante que quienes suelen apresurarse a señalar un comportamiento incorrecto apelaran ahora al derecho a gozar, citando la consabida frase de Emma Goldman que al parecer nunca dijo, “si no puedo bailar no es mi revolución”, pero con la que es imposible no estar de acuerdo. Pedirle a Benito Antonio una coherencia sin mácula es irreal.
Benito Antonio, como todos estos artistas que envuelven su trabajo en una causa, sea feminismo, espiritualidad o identidad, y que ganan de golpe dinero y fama a espuertas, acaban arrollados por un capitalismo voraz que engulle cualquier discurso y lo escupe en merchandising. No quiero decir que para ser auténtico haya que ser pobre, porque cualquiera desarrolla mejor su trabajo si vive con holgura, pero cuando se sobrepasan ciertos límites de fama y privilegio es difícil no dejarse arrastrar por lo excesivo.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





