
Entre montañas de residuos, Yakarta enfrenta un futuro incierto: “Aquí corremos el riesgo; si no lo hacemos, no comemos”
A 40 kilómetros del centro de Yakarta, el paisaje se transforma. Donde antes existían campos y barrios periféricos, sobresalen montículos interminables de basura, formando colinas artificiales que cubren más de 100...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: A 40 kilómetros del centro de Yakarta, el paisaje se transforma. Donde antes existían campos y barrios periféricos, sobresalen montículos interminables de basura, formando colinas artificiales que cubren más de 100 hectáreas. Esta es la realidad diaria de Bantar Gebang, el vertedero más grande de Indonesia y uno de los más extensos de Asia, según reportó el diario británico The Guardian.
Cada jornada, alrededor de 8. 000 toneladas de residuos llegan desde la capital en una flota de camiones naranjas, alimentando una crisis ambiental y social que afecta a miles de familias. El negocio de la recolección de residuos sostiene la vida de cerca de 10.
Los detalles
000 personas, quienes viven y trabajan en las inmediaciones del vertedero. Entre ellos, varios experimentaron tragedias recientes: siete trabajadores murieron este año sepultados por un derrumbe de basura, de acuerdo con lo informado por el medio. La incertidumbre crece ante el anuncio oficial del cierre gradual del sitio, previsto para iniciar el próximo año.
Montañas de desechos, vidas en riesgoA primera vista, Bantar Gebang parece una sucesión de colinas. Al acercarse, el olor pútrido y el ruido constante de la maquinaria revelan la magnitud del desafío. Arroyos negros de lixiviados recorren el terreno, mientras enjambres de moscas y aves sobrevuelan el área.
La vida en este entorno se sostiene entre la necesidad y el peligro. Rasta y Suakesih, ambos de 55 años, pertenecen a la segunda generación de recolectores en el vertedero. “Aquí corremos el riesgo.
Qué dicen los expertos
Si no lo hacemos, no comemos”, relató Rasta al diario The Guardian. Como ellos, la mayoría de las familias depende desde hace décadas del reciclaje informal para subsistir, extrayendo materiales reutilizables entre toneladas de residuos. Niños juegan sobre áreas selladas del vertedero, donde se instaló una geomembrana para disminuir la infiltración de agua y la emisión de gases.
La imagen contrasta con la rutina de los adultos, que sortean maquinaria pesada y camiones en medio de la oscuridad, expuestos a accidentes y enfermedades. Karmidi, de 32 años, empezó a trabajar en el vertedero a los 10. Ahora mantiene a su familia removiendo basura con una pértiga curva.
“Podemos trabajar cuando queremos, y la basura no para”, afirmó. Un sustento precario para miles de familiasLa economía local gira en torno a la recolección y clasificación de residuos. Andi, de 29 años, y Winah, de 43, encuentran en estos materiales una fuente de ingreso que, aunque modesta, permite la escolarización de sus hijos y la comida diaria.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





