
Fernando Peirone: “La nostalgia de la cultura escrita es un obstáculo para entender el presente”
La cultura digital implica un cambio similar al que generó la irrupción de la escritura, sostiene Fernando Peirone, y afirma que vivimos en una sociedad “poslogos”. El planteo supone que la revolución digital no solo...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. La cultura digital implica un cambio similar al que generó la irrupción de la escritura, sostiene Fernando Peirone, y afirma que vivimos en una sociedad “poslogos”. El planteo supone que la revolución digital no solo modificó las herramientas de comunicación, sino que produjo una nueva “narrativa social”, más audiovisual, fragmentada e hipertextual. En este escenario, la lectura y la escritura no desaparecen, pero pierden la centralidad que tuvieron durante siglos.
¿Cómo abordar el escenario actual desde la educación? En esta entrevista, Peirone analiza el impacto de esa mutación en la escuela y las nuevas generaciones, y subraya la necesidad de una alfabetización digital capaz de acompañar las nuevas formas de socialización. Peirone es doctor en Estudios Sociales de América Latina por la Universidad Nacional de Córdoba, docente e investigador en las universidades nacionales de San Martín (UNSAM) y José C.
Los detalles
Paz (UNPAZ), y fundador de la Facultad Libre de Rosario. Su último libro se titula El fin de la escritura (Fondo de Cultura Económica). –¿A qué te referís con “el fin de la escritura”?
¿Implica un cambio cultural, un cambio en el repertorio de habilidades que consideramos esenciales? –Ese libro surge de muchos años de investigar el impacto que la tecnología tiene sobre lo social. Durante mucho tiempo vi cómo empezaba a deconstruirse una historia basada en la enciclopedia, en la Ilustración y en la centralidad de la razón.
Empecé a notar que todo eso perdía efectividad, por ejemplo, cuando daba clases: los recursos de la argumentación y la fundamentación ya no generaban el mismo interés. También lo veía en la política. Había indicios de un cambio en la narrativa social.
Qué dicen los expertos
En ese contexto, observé que las juventudes, sobre todo los millennials, desarrollaban de manera informal, en su vínculo cotidiano con la tecnología, lo que llamamos saberes tecnosociales. Son saberes que nacen en lo tecnológico, pero tienen una enorme aplicabilidad social. El problema es que se desarrollaron por fuera de la institucionalidad y nunca ingresaron al sistema educativo.
Por ejemplo, muchas habilidades que los chicos adquirían en los videojuegos terminaron siendo fundamentales para tareas como el testing de aplicaciones, páginas web o videojuegos. Hay una empresa argentina, Arbusta, que trabaja en tres países y cuyos empleados provienen en su totalidad de sectores vulnerables. Cuando ingresan, cerca del 60% ni siquiera terminó el secundario, pero en muy poco tiempo se integran sin problemas a una dinámica de producción informacional.
Esos saberes no estaban ni decodificados ni asimilados por el campo educativo: eran saberes “salvajes”, plebeyos, que todavía hoy siguen sin incorporarse plenamente a la escuela. Me interesa recuperar la idea de Emilia Ferreiro sobre los objetos culturales. La lectura y la escritura son objetos culturales porque son fruto de un esfuerzo colectivo, tienen valor de uso social y se adquieren en la interacción cotidiana.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





