
Gloriosa oda al toro 'Cantaor', la excelencia de Victoriano del Río se cita, otra vez, con Las Ventas
Feria de San IsidroGloriosa oda al toro 'Cantaor', la excelencia de Victoriano del Río se cita, otra vez, con Las VentasUn ejemplar de proverbial categoría, premiado con la vuelta al ruedo, resucita al mejor Sebastián...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Feria de San IsidroGloriosa oda al toro 'Cantaor', la excelencia de Victoriano del Río se cita, otra vez, con Las VentasUn ejemplar de proverbial categoría, premiado con la vuelta al ruedo, resucita al mejor Sebastián Castella, que arruina su séptima Puerta Grande con la espada Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarZabala de la Serna MadridMadridActualizado Viernes, 22 mayo 2026 - 22:21Entrevista Victoriano del Río, el ganadero de las Puertas Grandes en Las Ventas: "Los toros también tienen que tener suerte" La crónica debe ser de principio a fin una oda a Victoriano del Río, un canto glorioso a Cantaor, la excelencia del toro bravo. Y un reconocimiento a Sebastián Castella, al mejor Castella, que es el Castella de Madrid. Fue la vuelta al ruedo en el arrastre el justo premio a Cantaor como en justicia se hubiera abierto la Puerta Grande para el distinguido francés: la escena del beso de despedida al toro resumió, entre lágrimas, la elegancia en la derrota.
No falló el resto de la notable corrida, sin ser las más redonda, con sus luces y sombras; Victoriano llenó de sentido su frase lapidaria: «Los toros también tienen que tener suerte». 15 saltó Cantaor con un sinfín de promesas en su seria armonía y en su flexible manera de estirarse, ya en los capotazos del profuso saludo de Sebastián Castella. Cantaor aglutinaba todas las excelencias del campo bravo, la excelencia absoluta de la bravura, todas las notas enclavijadas en el pentagrama de la matrícula de honor: la humillación galopona, el ritmo sostenido pero torrencial, la profundidad de lo prodigioso.
Los detalles
A más y a más, sin un quebranto, hasta el final. El monumental toro de Victoriano del Río resucitó al mejor Castella, que es el Castella de Madrid. Estar a la altura de Cantaor ya suponía un reto mayúsculo para un torero de vuelta.
Conviene decir cuanto antes que el elegante galo, con un historial gigante en esta plaza, lo cuajó sin mácula. Desde los pases cambiados y el formidable alboroto pasando por la mano derecha y una izquierda proverbial. Fluyó ligado, limpio y creciente el toreo, tan frondoso en series de cinco y seis muletazos.
La obra tampoco paró de crecer, como Cantaor, hasta su exacto final. El sentido del tiempo acompañó en esta ocasión al francés con una puntualidad inglesa para despedirse por bernadinas. La Puerta Grande -la séptima de su carrera- se presentía entreabierta.
Pero la precipitación con la espada -el toro estaba encogido- provocó que sólo enterrase media estocada. Ya, luego, con el descabello romo enterró todo lo demás hasta el desconsuelo. Las escenas que siguieron a continuación fueron las de un tipo íntegro entre lágrimas: cuando el presidente José Luis González acertó a premiar al toro con la vuelta al ruedo en el arrastre, Sebastián quiso dejarle un beso de despedida entre el cascabeleo de las mulillas.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.



