
Heidegger y Celan: 50 años de un gran ¿desencuentro? intelectual
Cuando en el verano de 1967 el germanista Gerhart Baumann -autor de Erinnerungen an Paul Celan- preparaba una lectura con Paul Celan en la Universidad de Friburgo, invitó al filósofo Martín Heidegger, a quien sabía...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Cuando en el verano de 1967 el germanista Gerhart Baumann -autor de Erinnerungen an Paul Celan- preparaba una lectura con Paul Celan en la Universidad de Friburgo, invitó al filósofo Martín Heidegger, a quien sabía admirador del poeta, a que asistiera al acto. Recibió como respuesta: “Hace tiempo que deseo conocer personalmente a Paul Celan. Él es el que está más adelantado y el que más retirado se mantiene (…) Sería saludable poder enseñar a Paul Celan también la Selva Negra”.
El célebre filósofo contaba entonces con 78 años; el poeta, no menos célebre dado que para entonces ya había obtenido el premio Büchner, la más importante distinción literaria en lengua alemana, con 47. Se tenían una admiración mutua, centrada fundamentalmente en la poesía. Heidegger buscaba en ella lo que filosofía sola no podía brindarle y es por ello que alababa a los presocráticos, cuyo pensamiento está volcado en poesía, el lenguaje sublime.
Los detalles
En la conversación que ambos mantuvieron en la cabaña de Todtnauberg, en el corazón de la Selva Negra, imaginada por el escritor irlandés J. Banville, este pone en boca de Heidegger: “Escribí alguna vez que toda mi obra no era más que un esfuerzo por decir filosóficamente lo que Rilke había dicho ya poéticamente”. Al respecto, cuando el novelista y diplomático argentino Abel Posse visitó al filósofo en ese retiro, mantuvo con él un diálogo tan parco como sustancial.
Sabine Langenheim, viuda del escritor y quien entonces ofició de traductora (Heidegger no sabía español y Posse no conocía la lengua de Goethe), me refirió, palabras más, palabras menos, que fue el siguiente: “Ilustre Maestro, ¿cómo iniciar a un joven en el estudio de la filosofía? ” La respuesta fue: “Leer a los presocráticos”. Y después, -prosiguió preguntándole-: “Nada más”.
El escritor evoca ese encuentro en un sustancioso artículo que dedicó al filósofo, publicado en el diario La Nación en 1975. La lectura en el auditorio de la Universidad, a la que asistieron más de mil personas, tuvo lugar el 24 de julio. Heidegger se sentó en la primera fila del vasto anfiteatro.
Qué dicen los expertos
Concluido el acto, el filósofo se acercó al poeta felicitándolo y entregándole un ejemplar de Was heisst Denken? (‘¿Qué significa pensar? Celan, sorprendido, agradeció el gesto, aunque se lo vio un poco perturbado.
Alguien se acercó a tomarles una fotografía, mas el poeta rehusó pues no quería ser retratado junto al filósofo por razones muy comprensibles: los separaban graves desencuentros político-ideológicos; sin embargo, los unía el thaûma ‘admiración’ ante la poesía, especialmente la de Hölderlin. Pasado ese difícil momento, que Heidegger respetuosamente comprendió, invitó al poeta a que al día siguiente -es decir, el 25 de julio- visitara su cabaña, tan modesta como famosa. Celan, que al principio se mostró dubitante, finalmente aceptó.
La duda procedía del hecho de que sustancialmente estaban en veredas opuestas. Celan, que era judío, había sido víctima de las atrocidades del nazismo (sus padres fueron asesinados en un campo de concentración; él mismo, sobreviviente de otro). Heidegger, por el contrario, había sido miembro del Partido nacionalsocialista y en el ‘33 había aceptado el Rectorado de la Universidad de Friburgo, en un momento crítico de la historia alemana: el comienzo de la barbarie.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





