
Impunidad, documentos falsos, décadas de fuga y un hallazgo decisivo: así identificaron los restos del criminal nazi Josef Mengele
En los primeros días de mayo de 1985 la policía alemana interceptó una carta del ciudadano alemán radicado en Brasil Wolfram Bossert dirigida a dirigida a Hans Sedlmeier, un antiguo trabajador de la familia Mengele. En...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: En los primeros días de mayo de 1985 la policía alemana interceptó una carta del ciudadano alemán radicado en Brasil Wolfram Bossert dirigida a dirigida a Hans Sedlmeier, un antiguo trabajador de la familia Mengele. En el texto se mencionaba una tumba del cementerio de Nuestra Señora del Rosario, en Embu das Artes, donde según la lápida y los registros estaba enterrado un tal Wolfgang Gerhard pero que en realidad guardaba los restos mortales de Josef Mengele, uno de los criminales de guerra nazis más notorios y buscados desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El cuerpo fue exhumado y examinado en primera instancia por el equipo del forense Daniel Romero Muñoz, entonces director del sector de antropología del Instituto Médico Legal.
A los peritos brasileños se sumaron luego tres equipos más: uno del Centro Simon Wisenthal, otro del Departamento de Justicia estadounidense, y un tercero de expertos de Alemania Occidental. Más tarde se supo que también había participado un enviado de los servicios de inteligencia israelíes. Por entonces, las técnicas de identificación por ADN aún no habían sido desarrolladas y recién se usarían años más tarde, por lo que los forenses debieron centrarse en las características de los huesos del individuo, muerto en 1979, que reposaba en la tumba.
Los detalles
Mediante una técnica de conteo de osteones en huesos se logró determinar que el hombre tenía al morir entre 60 y 70 años – una franja dentro de la que entraba Mengele, que tenía 67 en 1979 – y los médicos también encontraron evidencias de una fractura en la cadera que podía ser producto de un accidente de motocicleta que “El Ángel de la Muerte” había sufrido cuando estaba destinado en el campo de exterminio de Auschwitz. También se encontraron rastros de fracturas curadas en el hombro, en la clavícula y en el pulgar derecho; y una depresión en el hueso maxilar izquierdo, posible consecuencia de una sinusitis crónica. “El cráneo también exhibía un diastema, una separación entre los dientes frontales, presente en cerca del 11 por ciento de la población.
Las indicaciones eran, en fin, consistentes con las evidencias, pero lo que faltaba era una radiografía, lo que en la época era como una huella digital”, contó años después Eric Stover, líder del equipo enviado por el Centro Simon Wisenthal. El informe conjunto del equipo de Stover y el Departamento de Justicia concluyó “con razonable certeza científica” que el cuerpo era de Mengele, mientras que el equipo alemán llegó a la misma conclusión por el análisis que hizo del cráneo, usando una técnica de comparación de imágenes desarrollada por el antropólogo Richard Helmer, que superpuso fotos del criminal nazi sobre imágenes del cráneo y constató consistencias en áreas clave como ojos, boca, nariz y barbilla. Con esas evidencias, el 21 de junio de 1985 el jefe de la Policía Federal brasileña, Romeu Tuma, llamó a una conferencia de prensa donde confirmó la muerte y la identificación de los restos de Mengele.
A su turno, los científicos de los tres equipos explicaron que su veredicto no estaba basado en un examen conclusivo, sino en las varias evidencias que daban consistencia a la tesis de que se trataba efectivamente del “Ángel de la Muerte”. Recién entonces Rolf Mengele, hijo del médico de Auschwitz, reconoció públicamente que su padre había muerto. Sin embargo, pese al estudio forense y a esa declaración de Rolf Mengele, pocos creyeron que el criminal de guerra había muerto.
Qué dicen los expertos
Se pensó que se trataba de otra maniobra – una más - para protegerlo y desorientar a quienes lo buscaban. El caso de Josef Mengele es uno de los más extraños en la historia de la persecución de los criminales de guerra nazis después de la Segunda Guerra Mundial. Mientras se lo persiguió, el “Ángel de la Muerte” de Auschwitz apareció siempre en lo más alto de las listas de los más buscados por Israel, Alemania Occidental e, incluso, los Estados Unidos.
Pero, aun así, durante tres décadas se movió por la Argentina, Paraguay y Brasil, muchas veces utilizando su propio nombre, casi sin ser molestado y hasta volvió brevemente a Alemania con un pasaporte gestionado en el consulado alemán en Buenos Aires para visitar a su mujer y su hijo. Ahora se sabe que durante todo ese tiempo estuvo en el radar de sus perseguidores pero, ya fuera por fallas operativas, negligencia, mala suerte, razones diplomáticas o cuestiones políticas, siempre pudo escapar. Hace pocos años, un agente del Mossad reveló que un equipo operativo israelí lo localizó en Buenos Aires en 1960, pero que sus integrantes desistieron de capturarlo para no entorpecer una operación que consideraban más importante: el secuestro del arquitecto de la “solución final”, Adolf Eichmann, para sacarlo clandestinamente de la Argentina y juzgarlo en Israel.
Entonces le perdieron el rastro. El Ángel de la MuerteNacido el 16 de marzo de 1911, Mengele tenía 34 años cuando las tropas del Ejército Rojo tomaron Berlín y pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa. Para entonces, había sido trasladado al campo de concentración de Gross-Rosen, en la Baja Silesia, donde continuaba con los experimentos con humanos que había iniciado en el campo de exterminio de Auschwitz.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




