
Jarocho se agiganta con una corrida brutalista de Pedraza en Las Ventas
Feria de San IsidroJarocho se agiganta con una corrida brutalista de Pedraza en Las Ventas Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarNatural de Jarocho al sexto toro de la...
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Feria de San IsidroJarocho se agiganta con una corrida brutalista de Pedraza en Las Ventas Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarNatural de Jarocho al sexto toro de la tardePlaza 1Zabala de la Serna MadridMadridSEGUIR AUTORActualizado Miércoles, 27 mayo 2026 - 21:50La corrida de Pedraza de Yeltes ocupó podio en la báscula de San Isidro con sus 3. 622 kilos, un promedio de 603. No se trataba tanto de los kilos como de su gigantismo, unas estructuras propias de la arquitectura brutalista.
Bloques de hormigón armado, sin un átomo de flexibilidad pero con una movilidad muy cabrona, por mentirosa y desagradecida. Cuando perdían las inercias, no había entrega. Es decir, no había bravura.
Los detalles
No cabían los toros en los avíos o se salían de ellos. Fue más dura la guerra de lo que pareció. El contraste de los gigantes con la pequeña escala de Isaac Fonseca y Roberto Martín "Jarocho" se hacía abismal.
Jarocho se agigantó con los gigantes y se erigió en el protagonista de la tarde, con el viento del sorteo soplando a su favor dentro de un orden. A las 20:07, Jarocho se clavó en los medios, puesto en la vía, y se dejó venir de lejos a aquel tren al galope con una determinación suicida: todo lo que había hecho el toro por el pitón derecho —siempre por dentro— invitaba a la tragedia. Los pitones silbaron un ¡ay!
a milímetros de los muslos. Pero el susto no restó un ápice a la disposición de un tipo que ya había lucido a la bestia en el caballo con enorme generosidad. Un huracán de más casta que bravura, pues para que haya bravura tiene que haber entrega.
Qué dicen los expertos
Allí la entrega corría de parte del pequeño gran hombre, que encontró una cierta veta por la mano izquierda. Por ahí parecía que el toro lo hacía mejor con sus 624 kilos a cuestas, y Jarocho le enjaretó algunos naturales meritísimos cuando más le cogió la cara con la muleta por delante. Remontó el burgalés un violento desarme para seguir al natural y colocarse en la frontera de un posible trofeo que la espada arruinó.
Volvió a brillar con la mano izquierda ante el último toro de blandos apoyos y cierto estilo que sólo admitía el toreo de uno en uno. Jarocho extendió la receta con listeza, adornándola de gusto, pero volvió a irse a los blandos con el acero tras un pinchazo. Cuando el reloj tocó las 20:28, Isaac Fonseca quiso cambiarle el viaje por la espalda a un cuarto enorme que galopaba por fuera.
Aquello fue un atropello, un violento bofetón. El mexicano, que había hecho el paseíllo con el capote de paseo de la Virgen de Guadalupe, se levantó milagrosamente intacto. Y se puso de rodillas: en la valiente serie de derechazos Fonseca lo dio todo y el toro también, que se desfondó a plomo.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





