La Barcelona que no quiere ser provinciana
Susana QuadradoLa Barcelona que no quiere ser provinciana 13/06/2026 06:00 Barcelona vivió el miércoles uno de esos raros momentos en los que deja de discutir consigo misma. No es poca cosa. En los últimos años, la...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Susana QuadradoLa Barcelona que no quiere ser provinciana 13/06/2026 06:00 Barcelona vivió el miércoles uno de esos raros momentos en los que deja de discutir consigo misma. En los últimos años, la ciudad ha desarrollado una notable capacidad para contemplarse con el ceño fruncido. El turismo, la vivienda, la suciedad, la inseguridad, la política, los alquileres o las bicicletas.
Hace tiempo que Barcelona está atrapada en una conversación dominada por diagnósticos terminales, sin que se vea el remedio. Por eso resultó tan potente la imagen de la Sagrada Família, convertida en el centro del mundo. Allí solo había majestuosidad.
Los detalles
Ni agravio ni competición. Todo eso llegaría al día siguiente. Pero por unas horas no hizo falta recurrir a esa costumbre de medirse con Madrid para comprobar la propia estatura.
Y lo que apareció fue una evidencia que a veces queda sepultada bajo el ruido cotidiano: Barcelona sigue siendo una urbe capaz de fascinar si se lo propone. El momento más álgido del espectáculo con drones y la proyección de la imagen de Antoni Gaudí la noche del miércoles en la Sagrada Família. ReutersEl mundo no descubrió nada nuevo.
Quienes parecían necesitar el recordatorio eran sus propios habitantes. Barcelona lleva años instalada en una contradicción y en una paradoja. Cuanto más insiste en explicar su importancia, más parece dudar de ella.
Qué dicen los expertos
Aquí la contradicción. No se puede reivindicar una Barcelona abierta, europea y cosmopolita para terminar encerrándola en un provincianismo político. El campo de visión se reduce cuando la identidad se fanatiza.
Algunas de esas obsesiones han intentado abrirse paso a empujones en la visita del Papa. Alzar la mirada también consiste en dejar de mirarse el ombligo. La ciudad conserva su poder de fascinación mientras tolera problemas impropios de una capital europea de su categoríaBarcelona, además, debe conquistar una y otra vez una capitalidad que Madrid tiene garantizada por las instituciones.
Quizá por eso alterna con tanta facilidad entre la euforia y la melancolía. Lo interesante de la apoteosis de la Sagrada Família del miércoles no fue solo la imagen proyectada hacia fuera. Fue también la reacción hacia dentro.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





