
La ciudad donde el ébola convierte un funeral en una amenaza pública: "Aquí la gente muere sin saber de qué"
CRÓNICALa ciudad donde el ébola convierte un funeral en una amenaza pública: "Aquí la gente muere sin saber de qué"Dos religiosos españoles observan desde la República Democrática del Congo cómo uno de los virus más...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. CRÓNICALa ciudad donde el ébola convierte un funeral en una amenaza pública: "Aquí la gente muere sin saber de qué"Dos religiosos españoles observan desde la República Democrática del Congo cómo uno de los virus más peligrosos que se conocen ha vuelto a cambiar las reglas elementales de la vida y de la muerte Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email 1 comentarioLa variante Bundibugyo no solo ha traído otra emergencia sanitaria: ha convertido la despedida de los muertos en el lugar más peligroso del duelo. La tradición congolesa es besar y pasar las manos por el cuerpo de los difuntos , pero ese ritual se ha convertido en una trampa mortal. Actualizado Jueves, 4 junio 2026 - 00:12En la región congolesa de Ituri, el ébola no se anunció a los pies del camastro de un hospital, sino en el transcurso de un funeral.
Llegó disfrazado de malaria, dejó un puñado de muertos sin diagnóstico preciso y convirtió el gesto más antiguo del duelo tradicional africano —lavar, velar, tocar por última vez a un hijo, a un padre o a un hermano— en una ruleta rusa biológica. Para cuando las autoridades pronunciaron la palabra «ébola», el virus ya había viajado de sepelio en sepelio, adherido a las manos de quienes solo habían hecho lo que siempre se hace con los muertos en el noreste de la República Democrática del Congo: despedirse afectuosamente. «Saben muy bien que no tendrían que tocar los cuerpos pero es más fuerte que ellos», dice el salesiano Domingo de la Hera.
Los detalles
«La gente simplemente no acepta que les digan que no pueden posar sus manos sobre su amigo, hermano, padre, esposo o quien quiera que sea. Y menos todavía aceptan despedirse de ellos sin lanzarles una última mirada. Para evitar problemas, están envolviendo los cadáveres en una especie de mortajas de plástico que permiten ver el rostro», describe el religioso español, que conoce bien la zona afectada por el actual brote congoleño de ébola.
En efecto, uno de los obstáculos que acostumbraban a encontrar los equipos de entierro del Gobierno era que el cuerpo se colocaba en una bolsa negra. Pero como no podían ver el cuerpo, los familiares dudaban de la identidad de la persona que estaban enterrando. Las nuevas bolsas mortuorias que menciona el religioso castellano han sido rediseñadas con secciones transparentes en la zona de la cara que permiten organizar el duelo de un modo culturalmente apropiado.
El representante de la familia es también informado de las restricciones de asistencia y las traslada a la familia. El riesgo permanente de vivir entre el ébola y el M23De la Hera tiene 79 años, es burgalés y lleva doce años en Goma, la gran ciudad volcánica del este congoleño, encajada junto al lago Kivu y la frontera de Ruanda.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





