
La demolición de Garcigrande en una tarde enrarecida de nefasta presidencia en Las Ventas
Feria de San IsidroLa demolición de Garcigrande en una tarde enrarecida de nefasta presidencia en Las VentasUn palco de pañuelos muy ligeros, tanto para devolver tres toros de escaso poder como para conceder una oreja a...
Surgen avances clave en el escenario mundial. Feria de San IsidroLa demolición de Garcigrande en una tarde enrarecida de nefasta presidencia en Las VentasUn palco de pañuelos muy ligeros, tanto para devolver tres toros de escaso poder como para conceder una oreja a Alejandro Talavante, condena la corrida a la debacle; un buen lote para Morenito de Aranda, contundente a espadas Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarAlejandro Talavante celebra la muerte del quinto toro al que cortó una orejaÁngel NavarreteZabala de la Serna MadridMadridSEGUIR AUTORActualizado Viernes, 29 mayo 2026 - 23:13Feria de San Isidro Puerta Grande al clasicismo en Las Ventas: Y Diego Urdiales enseñó al Rey lo que es torear El cubil El casual encuentro con la calle de Antonio Casero El belicoso recibimiento del tendido del 7 entre pancartas exigiendo mayor rigor y exigencia presidencial no hacía presagiar nada bueno para una tarde insportable que degeneró hasta la hecatombe, aciaga. El alboroto sucedió cuando correspondía recibir con una ovación a Alejandro Talavante, como solía hacer Madrid con quien regresaba de una legítima Puerta Grande como fue la suya en la primera cita de San Isidro. El ambiente ya se percibía viciado desde el primer momento, y condicionó la presidencia de José Antonio Rodríguez San Román, asustadizo y torpe, tan ligero con el pañuelo verde.
Hasta tres veces lo sacó para demoler la corrida de Garcigrande, que ya había sido cribada en los reconocimientos -hasta 12 toros se vieron, decían- como principio de su demolición; fue remendada por toros del propio Justo Hernández, grandotes y sospecho que sin preparar. San Román ahondó en su mal criterio también para conceder una oreja a Alejandro Talavante ante un hechurado sobrero de Torrealta de contado poder -ciertamente quebradizo- y muy notable estilo. Talavante -que había tirado descaradamente al garcigrande titular con sus trémulos apoyos y sus 641 kilos a cuestas tras derribar en el caballo- estuvo bien, especialmente por la mano izquierda, y listo para salirse del camino del toreo y tirarse por los vericuetos -y las tablas del cuello- cuando no le hacían ni puñetero caso.
Los detalles
Las luquecinas y así con engrasada muñeca. El terrible calor hacía mella en los tendidos, posiblemenete en los toros y en el palco obstuso, claro. Volvieron a sucederse peleas.
Y la gente de las pancartas se enconó cuando el presidente de ligero pañuelo entregó un trofeo, también de ligero peso, a Alejandro Talavante tras una estocada atravesada, suelta y efectiva. Al bonito y descarado segundo de Garcigrande le había faltado depósito y gasolina para aguantar su notable arranque con un Talavante muy exigente en el prólogo genuflexo -sus dos inicios de faena fueron poco convenientes- por la mano derecha. Dos series intrascentes por la mano derecha, sin decir nada, y AT tomó la decisión de aligerar la carga ante el ambiente ciertamente hostil.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.



