
La fina línea entre estudiar la prehistoria y alimentar lenguajes de marginación política
Cristina MagdalenoSanta Cruz de Tenerife, 27 jun (EFE).- Estamos demasiado obsesionados con nuestros antepasados hom nidos? Se utiliza el relato sobre el origen de la humanidad como arma pol tica? Hasta qu punto la...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Cristina MagdalenoSanta Cruz de Tenerife, 27 jun (EFE). - Estamos demasiado obsesionados con nuestros antepasados hom nidos? Se utiliza el relato sobre el origen de la humanidad como arma pol tica?
Hasta qu punto la prehistoria nos sirve para entendernos y hasta qu punto para justificar lo que somos? El historiador Stefanos Geroulanos (Grecia, 1979), profesor de la Universidad de Nueva York y coeditor ejecutivo del 'Journal of the History of Ideas', sostiene en una entrevista con EFE que las narraciones sobre la prehistoria no son inocentes, pues aunque han servido para buscar una idea com n de humanidad, tambi n lo han hecho para crear jerarqu as, justificar violencias y excluir a quienes fueron situados fuera de la civilizaci n. Geroulanos se encuentra en Santa Cruz de Tenerife para ofrecer una conferencia en el Tenerife Espacio de las Artes (TEA) titulada 'El salvaje, el primitivo y el delgado barniz de la civilizaci n', tem tica de un libro que el pr ximo a o editar en espa ol Capit n Swing.
Los detalles
En l, se ala, no pretender reconstruir la prehistoria sino contar para qu sirve y c mo se usan pol ticamente esos conocimientos sobre el pasado. La b squeda de respuestas sobre nuestros ancestros, explica, resulta atractiva porque permite crear una idea com n de humanidad, pero tambi n porque facilita definiciones que "producen exclusi n y marginaci n pol tica". La idea por ejemplo de que los humanos son violentos por naturaleza, se ala Geroulanos, lleva d cadas enfrentada a otra lectura: la de que la violencia realmente empieza con el establecimiento de las ciudades y con formas de propiedad que deben ser defendidas.
Pero ambas respuestas, advierte, pueden racionalizar la violencia: una al presentarla como innata y otra al atribuirla solo a determinadas formas de organizaci n social. "La realidad es que los seres humanos son capaces de una belleza inmensa y de una violencia y un horror tambi n inmensos", resume Geroulanos, para quien "no hay forma de escapar de ese tipo de complejidad". Por eso, a ade, importa mucho d nde se coloca el acento al contar la prehistoria: "Obtenemos una imagen muy distinta de la humanidad si pensamos en Altamira que si pensamos en los simios asesinos".
Esa discusi n conecta con la met fora del "barniz de la civilizaci n", que seg n Geroulanos empez a funcionar a finales del siglo XIX como la idea de que, bajo la civilizaci n, "hay un pozo profundo de violencia y salvajismo". Ese lenguaje, que seg n Geroulanos "empieza con la literatura colonial", serv a "tanto para justificar la violencia contra otros como, al mismo tiempo, para presentarse a s mismos como v ctimas", al acusar a ciertos pueblos, por ejemplo, de salvajismo. En el siglo XIX, explica, la distinci n clave era entre "salvaje, b rbaro y civilizado": los europeos educados "afirmaban que eran civilizados y que todos los dem s estaban en alg n punto entre b rbaros y salvajes".
Qué dicen los expertos
A los salvajes, seg n esa mirada, hab a que tratarlos "como si fueran extremadamente violentos", mientras que a los b rbaros quiz se les pod a "domar" o "domesticar". Para Geroulanos, esas palabras no se limitaban a describir, sino que produc an una jerarqu a pol tica que cre la idea de que los pueblos ind genas viv an como salvajes, tecnol gicamente atrasados y con ideas religiosas disparatadas. De ese modo, cuando un europeo se encontraba cara a cara con una persona ind gena, "pensaban de verdad que esa persona viv a en el pasado".
Esa operaci n, agrega, fue "una forma inmediata de deslegitimar por completo la experiencia de la otra persona o de naciones enteras" y permiti justificar pol ticas de "gesti n" sobre determinados pueblos ind genas. Pero Geroulanos introduce un matiz: no siempre esos relatos nacen de una voluntad expl citamente malvada y pueden ser bienintencionados, como cuando se habla de poblaciones ind genas "en peligro de desaparecer" y necesitadas de ayuda. El problema, advierte, es que esa misma idea pod a acabar naturalizando o dando por sentado la destrucci n que pretend a denunciar.
"Esa desaparici n, al mismo tiempo, es un subterfugio. Es enga oso, porque se aceptan las razones por las que esas personas est n siendo asesinadas o est n extingui ndose", afirma. Geroulanos ve una continuidad entre esa obsesi n por los or genes y algunos discursos contempor neos de las lites tecnol gicas, y cita como ejemplo el xito de 'Sapiens' y 'Homo Deus', del israel Yuval Noah Harari, cuya obra, apunta, "tiene much simo que ver con las lites tecnol gicas" y ofrece la impresi n de que los humanos "surgimos de los simios y estamos destinados a convertirnos en dioses".
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





