
La última frontera del lujo: dos años de espera para la joya de sus sueños
LujoLa última frontera del lujo: dos años de espera para la joya de sus sueñosLas piezas de alta joyería de Cartier se lucen en alfombras rojas y se exhiben en museos. Los artesanos que las crean las hacen tan suyas que...
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: LujoLa última frontera del lujo: dos años de espera para la joya de sus sueñosLas piezas de alta joyería de Cartier se lucen en alfombras rojas y se exhiben en museos. Los artesanos que las crean las hacen tan suyas que al terminarlas pasan por un proceso de despedida y duelo El collar Panthère Kentia de Cartier, con un gran zafiro de Ceilán de 50,13 quilates en talla de cabujón, fotografiado en una habitación cerrada bajo medidas de seguridad. Manuel VázquezKarelia VázquezParís - 02 jun 2026 - 05:30CEST Compartir en Whatsapp Compartir en Facebook Compartir en Twitter Desplegar Redes Sociales Ir a los comentariosAñadir EL PAÍS en GoogleCompartir: Whatsapp Facebook Twitter Bluesky Linkedin Copiar enlacePara fotografiar el collar Panthère Kentia de la última colección de alta joyería de Cartier nos encierran en una habitación sin ventanas.
Una especie de cámara blindada donde solo caben cinco personas. Se hace llamar a un experto que, guantes negros mediante, es el único autorizado a manipular la pieza, un collar con un gran zafiro de Ceilán de 50,13 quilates en talla de cabujón, seguido muy de cerca por los ojos de esmeralda y ónix de la pantera, símbolo de la maison desde 1914. No podemos tocar el Kentia, solo admirarlo desde la distancia e imaginar a qué actriz veremos con él en la próxima alfombra roja (si antes no lo compra alguna familia de gran fortuna, de las antiguas o de las novísimas).
Los detalles
En la pieza en cuestión han trabajado varios artesanos durante casi año y medio. “Cada uno de ellos siente que la pieza es suya, el vínculo emocional es muy fuerte. No es fácil dejar ir una pieza como esta”, cuenta Alexa Abitbol, directora de los talleres de alta joyería del Instituto de Joyería Cartier.
La marca nos ha traído hasta París para visitar este espacio ubicado en un edificio anodino del centro de la ciudad. Nadie diría que dentro se trabaja en las joyas más deseadas del mundo. El lujo siempre ha jugado al despiste.
Collar Haryma de Cartier de oro amarillo con un topacio imperial de más de 28 quilates que recrea la figura del tigre, otro de los animales de la maison. Manuel VázquezEntramos al taller donde acaban de poner punto final a Le Choeur des Pierres (el coro de piedras), la última colección de alta joyería de Cartier. Una colección donde manda la gema, es ella la que guía las ideas y la inspiración del diseñador.
“Todo empieza y termina en la piedra”, asegura Jacqueline Karachi, la directora creativa y la que va en persona a las dos grandes ferias del mundo, la de Tudson y la de Hong Kong, a comprar las gemas. Una ceremonia que se sucede en trío —diseñador, gemólogo y comprador— para evitar errores. “A mí me hablan las piedras, he nacido con ese don.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





