
La peligrosa ilusión de unanimidad del catolicisimo español
El último escañoLa peligrosa ilusión de unanimidad del catolicisimo español Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarEl Papa en BarcelonaFoto: Marta Perez/ EfeEFEIñaki...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: El último escañoLa peligrosa ilusión de unanimidad del catolicisimo español Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarEl Papa en BarcelonaFoto: Marta Perez/ EfeEFEIñaki EllakuríaSEGUIR AUTORActualizado Jueves, 11 junio 2026 - 00:16 Audio generado con IALa visita del Papa León XIV a España, con la multitudinaria misa en Madrid y algunos actos de menor seguimiento popular en Barcelona, pero que también han disfrutado de una potente cámara de eco en los medios y redes sociales, ha propiciado un discurso hiperbólico y panfletario que tiene como fatal consecuencia la ilusión de unanimidad. En este caso, la creencia -que algunos quieren hacer pasar por verdad sagrada- de que las manifestaciones de apoyo de los católicos al Papa, todas ellas notables y muy respetables, representan el sentir general de los españoles. La ilusión de unanimidad es un mal populista vinculado a las grandes movilizaciones de masas y su reproducción en las plataformas digitales, una combinación que favorece también el espejismo de hegemonía.
Muchos de los miles de asistentes a la concentración de la plaza de Colón de Madrid, el 10 de febrero de 2019, que PP, Cs y Vox celebraron contra Pedro Sánchez bajo el lema «Por una España unida, ¡elecciones ya! », volvieron a su casa creyendo honestamente que tamaña demostración callejera había levantado el acta de defunción del sanchismo, cuando la realidad es que habían caído en la trampa de La Moncloa. El ejemplo más rotundo de esa ilusión de unanimidad de la que hablo fue el proceso independentista.
Las manifestaciones masivas de la Diada, que los organizadores y la Generalitat cifraron siempre por encima del millón de asistentes -cálculo inverosímil y muy parecido al que se hizo este domingo en Madrid con el Papa-, junto al discurso único de los medios de comunicación públicos y subvencionados, llevaron a los nacionalistas a creerse que eran una mayoría incontestable, que ellos eran Cataluña, y no una parte, olvidando que es una sociedad plural, nada uniforme respecto a sus sentimientos identitarios, y políticamente muy fraccionada. Aquella lectura desviada que hizo el nacionalismo en 2017, y cuyo coste la sociedad catalana sigue pagando, me recuerda a la encendida narrativa católica con la que algunos, aprovechando el impacto del Papa -líder espiritual de los católicos, pero también un icono pop de la cultura de masas, como supo ver Paolo Sorrentino en 'The Young Pope'-, nos presentan la realidad española. Confundiendo una parte con el todo para hablar de un renacer de la fe católica -«el Papa vuelve a poner de moda a Dios»-, en contra de las estadísticas: solo el 16% de los ciudadanos se declara católico practicante, del proceso de secularización de la sociedad y de su composición cada vez más multicultural.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





