
La publicación de “Mi Lucha”, el libro donde Hitler planteó la superioridad de la “raza aria” y anticipó el Holocausto
Adolf Hitler llevaba seis meses en libertad luego de cumplir una benévola condena por el fallido intento de golpe de Estado que pasaría a la historia como el Pustch de la Cervecería cuando, el 18 de julio de 1925, la...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Adolf Hitler llevaba seis meses en libertad luego de cumplir una benévola condena por el fallido intento de golpe de Estado que pasaría a la historia como el Pustch de la Cervecería cuando, el 18 de julio de 1925, la editorial Secker and Warburg, de Múnich, publicó Mein Kampf, un libro que el líder del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP) había escrito durante su breve estadía en la celda número 7 de la fortaleza de Landsberg, convertida en prisión. Hitler no la había pasado mal en el encierro, durante el cual disfrutó de privilegios impensados para un preso. Las autoridades le permitieron vestir de civil, reunirse con otros reclusos cuando quisiera y mantener correspondencia sin censura y sin límites.
Por eso había pasado muchas horas por día en compañía de su amigo, lugarteniente y secretario personal Rudolf Hess, también condenado por el putsch fallido, para dictarle esa suerte de autobiografía que con el correr del tiempo se convertiría en el libro guía para sus seguidores. Era una edición de 400 páginas, con tapas duras, que llegó a las librerías al precio de 12 reichsmark, unos tres dólares estadounidenses de la época. Dividido en 12 capítulos, el texto combinaba episodios de la vida de Hitler con una exposición de sus ideas y un manifiesto de la ideología del nacionalsocialismo y de sus planes para el futuro de Alemania.
Los detalles
Desarrollaba la tesis principal del “peligro judío”, que hablaba de una conspiración judía para ganar el liderazgo mundial, y anunciaba su odio a lo que él creía que eran los dos grandes males del mundo: el comunismo y el judaísmo. También ponía el foco en otra idea clave del nacionalsocialismo: el “empuje hacia el Este” (Drang nach Osten) para ganar “espacio vital” (Lebensraum). A pesar de que los propagandistas de NSDAP pretendieron haber vendido 24 000 ejemplares en el primer año, una serie de documentos de la editorial nazi Eher-Verlag capturados por los Aliados tras la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial demuestran que el libro se vendió muy poco ese año y que lo mismo sucedió con el segundo volumen, que completó la obra agregándole otros 15 capítulos, que fue publicado el 11 de diciembre de 1926.
Un líder emergenteEse escaso éxito inicial se debió a que, si bien Hitler era bastante conocido, sobre todo después del intento de golpe de Múnich en 1923, distaba mucho todavía de ser un actor de peso en la política alemana de la época. Cuando se publicó la primera parte de Mein Kampf, hacía poco más de cinco años que había dado su primer paso en la política al incorporarse al ultraderechista Partido Obrero Alemán (DAP) liderado por el cerrajero Anton Drexler, luego de asistir, como espía del Ejército, a un mitin realizado el 12 de septiembre de 1919 en una cervecería de Múnich, la Sterneckerbräu, de la Avenida Tal 54. Había entrado allí por órdenes de sus superiores para hacer un informe de inteligencia sobre las actividades de la organización, es decir, para espiar.
En ese momento, el futuro dictador nazi no tenía militancia política alguna, pero sí unas pocas ideas claras sobre lo que pasaba en Alemania. Culpaba a los gobernantes socialdemócratas por haber promovido el humillante armisticio que había oficializado la derrota alemana en la Gran Guerra y acusaba también a los políticos socialistas y marxistas de haber traicionado y “apuñalado por la espalda” al Ejército y a los ciudadanos alemanes. Ese episodio aparentemente mínimo resultaría crucial para la historia de Alemania.
Qué dicen los expertos
Entre las instrucciones que sus superiores le habían dado a Hitler no figuraba en absoluto la de hablar durante la asamblea, pero el joven espía no pudo contenerse y con un discurso flamígero interrumpió al orador oficial. En una improvisada mesa redonda, uno de los presentes, de apellido Baumann, sostuvo que Baviera debería separarse de Alemania y anexarse a Austria, una propuesta que indignó al hasta entonces silencioso espía, a pesar de ser él mismo austríaco. Tomó la palabra y en una breve pero tajante intervención no solo hizo callar a su interlocutor, sino que impresionó con su fervor y sus dotes para la oratoria a los dirigentes del partido, especialmente a Drexler.
Terminada la asamblea, el líder del DAP se acercó a Hitler, le propuso sumarse a la organización y lo invitó a participar, ya como orador, en un próximo mitin que se realizaría un mes más tarde, el 16 de octubre. El joven informante aceptó y se convirtió en el afiliado número 555 del Partido Obrero Alemán, una numeración mentirosa, porque para ocultar la escasez de partidarios, la lista de integrantes del DAP se iniciaba con el número 500. En su segunda aparición pública, Hitler volvió a mostrar sus capacidades como propagandista, con las que sedujo a las apenas 111 personas presentes, que salieron “electrizadas” luego de escuchar su primer discurso como integrante del partido.
Ese discurso disparó su carrera hacia la cima del DAP. Lo nombraron responsable de propaganda, un lugar desde el cual se volvió cada vez más influyente. Tanto que apenas unos meses después, el 24 de febrero de 1920, no solo fue uno de los fundadores del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP), heredero del DAP, sino el redactor junto a Drexler, de su programa político.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




