
La resaca del dinero barato
En resumidas cuentasLa resaca del dinero barato Compartir Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarUn hombre pasa junto al logotipo del euro en el centro de visitantes del...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: En resumidas cuentasLa resaca del dinero barato Compartir Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarUn hombre pasa junto al logotipo del euro en el centro de visitantes del Banco Central Europeo (BCE), en la sede del banco central en Fráncfort. AFPFrancisco RodríguezSEGUIR AUTORActualizado Jueves, 11 junio 2026 - 14:17 Audio generado con IAMacroeconomía El BCE sube los tipos de interés por primera vez en tres años para luchar contra la inflación de la guerra en Oriente Próximo Conviene desconfiar de quien te despierta, sobre todo si es el mismo que te durmió. El BCE ha subido los tipos al 2,50% y la tentación es repartir los papeles de siempre: el banco severo, el país manirroto, el adulto que entra en la fiesta y apaga la música de golpe.
Pero los papeles no encajan tan limpios. El que apaga la música hoy es quien la puso a todo volumen durante una década entera. La misma mano que sube ahora los tipos es la que antes los hundió bajo cero y nos dejó creer, con paternal indulgencia, que el dinero podía no costar nada.
Los detalles
Esa es la parte incómoda. Porque es comodísimo contar esto como una historia de buenos y malos —la hormiga contra la cigarra— y es mentira que sea tan limpio. La anestesia la administró el BCE, cierto, pero el brazo lo pusimos nosotros, y lo pusimos encantados.
Diez años de financiación regalada y los fundimos en lo que se evapora en el instante mismo de cobrarse: gasto corriente, transferencias, subvenciones, cuentas prorrogadas un ejercicio tras otro porque elaborar un presupuesto era asomarse a un espejo, y daba pereza el reflejo. No sembramos nada que rinda mañana. Compramos un presente confortable a plazos, y firmamos los plazos, sin pudor, en nombre de quien todavía no había nacido para negarse.
Así que cuando hoy alguien señale con el dedo a Fráncfort, tendrá razón a medias, que es la peor de las razones porque consuela sin curar. Tendrá razón en que el BCE sube en parte por la inflación y por no descolgarse de una Reserva Federal anclada un punto más arriba; en que el euro flaquea y hay que sostenerlo; en que el sur de Europa baila siempre una partitura escrita en Berlín. Pero confundirá el termómetro con la fiebre.
Qué dicen los expertos
El banco no nos enferma: se limita a tomarnos la temperatura. Porque ahí está lo que de verdad escuece, y no es el cuarto de punto. Es que la subida sea, al mismo tiempo, buena noticia y humillación, sin que podamos quedarnos solo con una de las dos.
Buena, porque al fin hay una señal de precio tras años de silencio anestésico, y el dolor, aunque no lo parezca, es información valiosa: nos dice dónde estamos realmente parados, qué pesa cada cosa, cuánto vale lo que dábamos por gratis. Humillación, porque esa señal no la da un Gobierno que decide con la cabeza alta, la da un banco que obliga. No brota de una convicción nuestra, se nos impone desde un edificio de Fráncfort.
Madurar está bien en tiempos de excesos de gasto y de lamentación.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




