
La siniestra trama de la matanza de la familia Wesson: fanatismo religioso, incestos y niños asesinados a balazos
El escándalo comenzó poco antes de las dos de la tarde del 12 de marzo de 2004, cuando dos mujeres llegaron, entre otros tantos autos, al edificio de oficinas en desuso de la Avenida Hammond, en un barrio obrero de...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. El escándalo comenzó poco antes de las dos de la tarde del 12 de marzo de 2004, cuando dos mujeres llegaron, entre otros tantos autos, al edificio de oficinas en desuso de la Avenida Hammond, en un barrio obrero de Fresno, California, y le reclamaron a los gritos al hombre negro que estaba en la puerta que les entregara a sus hijos, para llevárselos, y el hombre se negó. Quisieron entrar y se armó una batahola en la que hubo muchos gritos —“putas” y “perras”, fueron las palabras más escuchadas— y los chicos de más edad que había en el lugar se disputaron a los tirones a los más chiquitos, algunos de ellos apenas bebés de pocos meses. Por eso alguien llamó al 911.
Unos minutos después de las dos llegó un patrullero con dos agentes. No estaban muy preocupados, porque desde la comisaría les habían dicho por radio que se trataba de “un altercado doméstico”. Al bajar del auto, encontraron a Ruby Sánchez y Sofina Solorio —las dos mujeres que querían llevarse a sus hijos— en la vereda y al hombre negro y corpulento parado en la puerta, bloqueándoles la entrada.
Los detalles
Cuando le preguntaron el nombre, respondió que se llamaba Marcus Wesson. Se mostraba calmado y hablaba sin levantar la voz. Le pidieron entonces permiso para entrar y ver que todo estaba tranquilo, pero Wesson se negó.
Después declararían que no podían entrar por la fuerza porque no tenían una orden judicial ni había “un temor razonable para la seguridad pública”. Por eso tampoco hicieron nada cuando el hombre les dio la espalda, entró al edificio y les cerró la puerta en las caras. Los vecinos, que se habían reunido en buen número para ver qué pasaba, contaron después a los periodistas que los agentes tampoco intentaron entrar cuando, al unísono, las dos mujeres gritaron: “¡Va a lastimar a los chicos!
Una de ellas les advirtió, además, que Wesson tenía una pistola calibre . 22 y que sabía usarla. La reacción de los policías fue decirles a los vecinos que se refugiaran detrás de un colectivo amarillo que estaba estacionado en la calle y pedir a sus superiores que enviaran un equipo SWAT, pero no entraron.
Qué dicen los expertos
Ni siquiera cuando comenzaron a escucharse los disparos en el interior del edificio intentaron hacerlo. El equipo de SWAT demoró diez minutos en llegar y se desplegó por el lugar. El jefe iba a usar su altavoz para pedirle a Wesson que saliera, pero antes de que llegara a hacerlo se abrió la puerta y el hombre negro apareció con la camisa y los pantalones ensangrentados.
Se entregó sin resistencia. La sangre que empapaba la ropa del hombre fue suficiente para que los agentes irrumpieran en la casa, llamando a los niños. En el interior se toparon con una escena terrorífica: los encontraron en una habitación trasera, apilados uno sobre otro.
Encima de todos había el cadáver de una mujer con una pistola apoyada en el brazo. Todos los muertos tenían un disparo en un ojo. Era el escenario de un asesinato en masa, con una adulta y ocho niños como víctimas.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





