
Las cinco ciudades santas del catolicismo: centros de peregrinación y fe donde se entrelazan historia, espiritualidad y cultura
Todas las religiones tienen al menos una ciudad santa. El catolicismo tiene cinco; y cada una de ellas cuenta con un Jubileo Perpetuo reconocido por la Iglesia que les permite celebrar un año santo cada siete años y...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Todas las religiones tienen al menos una ciudad santa. El catolicismo tiene cinco; y cada una de ellas cuenta con un Jubileo Perpetuo reconocido por la Iglesia que les permite celebrar un año santo cada siete años y conceder indulgencias. Así pues, estas ciudades son algo más que lugares geográficos: son depositarias de tradiciones espirituales, centros donde la historia, la fe y la cultura se entrelazan.
Las peregrinaciones a estas ciudades santas no son meros viajes de vacaciones: son experiencias transformadoras, un esfuerzo consciente por conectar con la propia herencia espiritual. Dos de las cinco ciudades santas del catolicismo son, obviamente, Jerusalén y Roma. Las otras tres están en España.
Los detalles
Y aunque Santiago de Compostela te resulte familiar (sobre todo por el legendario Camino de Santiago), es probable que nunca hayas oído hablar de Caravaca de la Cruz o Santo Toribio de Liébana. Pero antes de adentrarnos en estas ciudades, conviene detenerse en dos conceptos centrales para entender su importancia: los llamados “años santos” y las indulgencias. En la tradición católica, un año santo —también llamado jubilar— es un período especial de gracia en el que la Iglesia concede a los fieles la posibilidad de recibir indulgencias plenarias, es decir, la remisión total de las penas temporales por los pecados ya perdonados en el sacramento de la confesión.
Para obtenerlas, el peregrino debe cumplir determinadas condiciones espirituales: confesarse, comulgar, rezar por las intenciones del papa y atravesar una “puerta santa” o realizar actos de devoción en el santuario designado. El concepto tiene raíces bíblicas. En el Antiguo Testamento, el Jubileo era un tiempo de restauración y liberación que se celebraba cada cincuenta años: las deudas se perdonaban y las tierras regresaban a sus propietarios originales.
La Iglesia adoptó esta idea simbólica en el siglo XIV, cuando el papa Bonifacio VIII instituyó el primer Año Santo universal en Roma en el año 1300. Con el tiempo, algunas ciudades recibieron el privilegio excepcional de celebrar jubileos propios. En estos lugares, cada cierto período —generalmente siete años o cuando coincide una fecha específica del calendario litúrgico— se abre la Puerta Santa de su santuario, invitando a miles de peregrinos a emprender el viaje.
Qué dicen los expertos
Es en ese contexto donde aparecen las cinco ciudades santas del catolicismo: Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela, Caravaca de la Cruz y Santo Toribio de Liébana. Cada una guarda una reliquia, una tradición o un acontecimiento que la convirtió en destino de devoción universal. Santiago de Compostela: desde el siglo IX, cuando se encontró la tumba del Apóstol Santiago, Santiago de Compostela se convirtió en una de las principales potencias espirituales de Europa y en un destino de peregrinación de incomparable importancia.
El Camino de Santiago, una antigua red de rutas de peregrinación, converge en la Catedral de Santiago de Compostela, donde se conservan y veneran las reliquias de Santiago el Mayor, uno de los apóstoles de Jesucristo. Los peregrinos llegan allí tras atravesar los paisajes del norte de España, buscando no solo el triunfo físico de llegar al final del viaje, sino una profunda renovación de su fe. La catedral compostelana, una imponente construcción románica iniciada en el siglo XI y transformada a lo largo de los siglos con elementos góticos y barrocos, domina la Plaza del Obradoiro con su majestuosa fachada diseñada por Fernando de Casas Novoa en el siglo XVIII.
En su interior, el visitante se encuentra con un espacio monumental de piedra dorada, atravesado por la nave central que conduce hacia el altar mayor. Allí se encuentra el famoso “Botafumeiro”, el enorme incensario que en ocasiones especiales se balancea por el transepto describiendo amplios arcos de humo perfumado, una tradición que se remonta a la Edad Media. Bajo el altar mayor se halla la cripta donde descansan las reliquias del apóstol.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.




