
Los misterios de una profanación: el robo de las manos de Perón, un poema escrito por la viuda, doce llaves y la cadena de muertes
Faltaban dos días para el 13° aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón cuando el lunes 29 de junio de 1987 su sobrina Delia Perón y su esposo, Roberto García, visitaron la tumba del expresidente en el Cementerio...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Faltaban dos días para el 13° aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón cuando el lunes 29 de junio de 1987 su sobrina Delia Perón y su esposo, Roberto García, visitaron la tumba del expresidente en el Cementerio de la Chacarita. Era una ceremonia que cumplían habitualmente y en esa ocasión fueron a ver que todo estuviera en orden, en previsión de los homenajes que se realizarían allí para conmemorar la desaparición física del líder justicialista. La joven democracia recuperada menos de cuatro años en la Argentina navegaba por aguas turbulentas.
El gobierno del presidente radical Raúl Alfonsín venía de superar, con una salida negociada, el primer levantamiento de los Carapintadas que se oponían a los juicios por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura, enfrentaba una situación económica difícil con un Plan Austral que empezaba a hacer agua y el tránsito hacia las elecciones legislativas y de gobernadores previstas para octubre avanzaba en medio de un clima político que distaba de ser apacible. Sin embargo, nadie imaginaba la bomba que estaba a punto de estallar. Al llegar a la tumba, la sobrina del general y su esposo descubrieron horrorizados que el lugar había sido profanado.
Los detalles
En su declaración ante la policía, Roberto García denunció que faltaban la gorra, el sable y la bandera argentina que la cubría, que la claraboya estaba rota y que encontraron fragmentos de vidrio en el piso y alrededor del féretro. Dijo también que habían visto un boquete en el vidrio blindado -de nueve centímetros de espesor y un peso de 170 kilos, para cuya apertura eran necesarias dce llaves- engarzado en un marco de acero que protegía el cadáver embalsamado. Al día siguiente, la noticia explotó en los medios.
“Robaron el sable, la gorra y la bandera de Perón”, tituló el diario Clarín en su portada. La noticia sumaba un dato que García no había incluido en su denuncia porque no se había dado cuenta al toparse con la tumba violada: además de robar los objetos, los autores de la profanación habían seccionado y robado las manos de cadáver. De inmediato, la conmoción que provocó el hecho se amplificó en medio de un rompecabezas de versiones que iban desde las motivaciones políticas del caso hasta hipótesis extorsivas, económicas, revanchistas e incluso de corte ocultista.
La investigación quedó en manos del juez Jaime Far Suau, que convocó a un equipo policial comandado por el comisario Carlos Zunino e integrado por especialistas de rastros de la Policía Federal y peritos forenses. Ya en la bóveda, ubicada en el subsuelo, los peritos utilizaron las doce llaves y retiraron el vidrio. Fueron ellos, al levantar la tapa del féretro, quienes descubrieron que al cadáver le faltaban las manos, cortadas posiblemente con una sierra quirúrgica.
Qué dicen los expertos
En su informe, los peritos forenses señalaron que las manos habían sido seccionadas con cortes precisos, pero de diferente manera. La mano derecha había sido cortada a la altura de la muñeca, mientras que el corte de la izquierda había sido practicado en la parte más blanda del hueso, por encina de la muñeca. Precisaron también –a partir del análisis del aserrín cadavérico– que los cortes databan de pocos días.
Con el féretro abierto también se tomó nota de la falta de otro objeto que debía estar allí y que pronto adquiriría singular importancia: un poema escrito por la viuda de Perón, María Estela Martínez, que había sido enmarcado y depositado junto al cadáver. Dentro del ataúd había también un elemento extraño: el dedo de un guante de goma, posiblemente utilizado por los profanadores durante la operación de seccionar las manos del muerto. El poema rasgadoEl poema robado de la tumba se convirtió en una pieza clave poco después, cuando dos importantes figuras del Justicialismo recibieron el primer y único mensaje de los profanadores.
El presidente del PJ, Vicente Leónidas Saadi, y el secretario general de la CGT, Saúl Ubaldini, recibieron una carta similar en la que se les pedía el pago de ocho millones de dólares a cambio de la devolución de las manos, la gorra y el sable de Perón. Como prueba de que realmente tenían en su poder las manos de Perón, los autores de la carta, que se identificaban con el enigmático nombre de “Hermes IAI y los 13”, habían cortado en dos el poema de Isabel Perón. Una de sus partes acompañaba a la carta a Saadi, la restante estaba en el sobre que recibió Ubaldini.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





