
Marco Bellocchio retrata el caso Aldo Moro en una miniserie que convirtió un trauma italiano en thriller político
La noche del 9 de mayo de 1978, el cadáver de Aldo Moro apareció en el baúl de un Renault 4 rojo estacionado en una calle del centro de Roma, equidistante entre las sedes de la Democracia Cristiana (DC) y el Partido...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. La noche del 9 de mayo de 1978, el cadáver de Aldo Moro apareció en el baúl de un Renault 4 rojo estacionado en una calle del centro de Roma, equidistante entre las sedes de la Democracia Cristiana (DC) y el Partido Comunista Italiano (PCI). Esa imagen, deliberada en su simbología, cerró 55 días de secuestro a cargo de las Brigadas Rojas y marcó un punto de no retorno en la historia política de Italia. Cuarenta y cuatro años después, el cineasta Marco Bellocchio convirtió ese episodio en Esterno notte —estrenada en español bajo el título Exterior noche—, una miniserie de seis episodios y casi seis horas de duración que articula historia, ficción y memoria en torno al trauma más profundo de los llamados “Años de Plomo”.
El canal de cable Europa Europa la emite los miércoles a las 7 pm (hora de México), 8 pm (hora de Colombia) y 10 pm (hora de Argentina). Bellocchio ya había explorado este territorio en 2003, con Buongiorno, notte (Buenos días, noche) filme que narraba el cautiverio desde la perspectiva de una joven brigadista y en el interior casi claustrofóbico del departamento donde los terroristas retuvieron al dirigente. En Exterior, noche, el cineasta invierte radicalmente esa mirada: ahora la cámara sale del sótano y recorre los despachos ministeriales, los corredores del Vaticano, la casa familiar de Moro, los set de televisión y los escondites de los propios terroristas.
Los detalles
El título no es una casualidad. El “exterior” es el escenario de un país entero paralizado por la neurosis, la culpa y la impotencia. La serie abre con una secuencia que nunca ocurrió: políticos que corren por pasillos, rumores de que Moro ha sido liberado, desplazamientos apresurados hacia un hospital para recibirlo.
El espectador que conoce los hechos sabe de inmediato que se trata de una invención. Esa ucronía inicial no es un truco narrativo gratuito. Bellocchio la usa para instalar desde el primer minuto la pregunta que atraviesa toda la obra: ¿qué habría pasado si?
La serie se construye sobre el duelo de lo que no fue, sobre la melancolía de un final alternativo que muchos italianos siguen deseando en silencio. El secuestro de Aldo Moro en un relato coralLa estructura episódica es uno de los recursos más eficaces de Exterior, noche. Cada capítulo privilegia el punto de vista de un personaje distinto: Aldo Moro en el primero, Pablo VI en el segundo, Francesco Cossiga en el tercero, los terroristas Adriana Faranda y Valerio Morucci en el cuarto, Eleonora Moro en el quinto, y un episodio de cierre que retorna al dirigente secuestrado y culmina con un collage de imágenes de archivo de la RAI.
Qué dicen los expertos
Esta distribución permite que el espectador vaya completando un rompecabezas de perspectivas que solo se cierra en el último capítulo. El guion, firmado por Bellocchio junto a Stefano Bises, Ludovica Rampoldi y Davide Serino, se apoya en una base documental que incluye archivos parlamentarios, hemerotecas, cartas de Moro y fondos sobre las Brigadas Rojas, aunque se concede un margen explícito para la especulación emocional y la dramatización de debates políticos cuya literalidad histórica no siempre está probada. Al final de cada episodio, la serie advierte que ciertos hechos, nombres y situaciones han sido reinterpretados, lo que subraya su estatuto de obra de ficción que dialoga con la historia sin pretender sustituirla.
Bises y Serino son guionistas con experiencia en series políticas italianas —como 1992 y 1993, dedicadas al escándalo de Tangentopoli—, y esa formación se percibe en la construcción de los diálogos. Las reuniones de gabinete, las discusiones dentro de las Brigadas Rojas, las conversaciones entre el Papa y sus colaboradores, están cargadas de subtexto y silencios. Lo que no se dice importa tanto como lo que se pronuncia: las evasivas y los rodeos con que se disimula la negativa a negociar funcionan como mecanismos dramáticos que evidencian la distancia entre el discurso oficial y las decisiones reales.
Aldo Moro, estadista y padre de familiaFabrizio Gifuni construye un Aldo Moro que combina la mimetización física —gestos, manierismos, entonación— con una dimensión introspectiva de gran densidad y un impresionante parecido. En el primer episodio, se lo ve en su vida doméstica: renuncia a un coche blindado, prepara él mismo la cena, intercambia gestos de cariño con su esposa Eleonora. Esos pequeños detalles humanizan al político antes de que la tragedia lo absorba por completo.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





