
Marie Kondo inspira, pero el Oosouji apuesta por una “gran limpieza” con sentido emocional
El ritual de limpieza japonés para cajones, estanterías y armarios aparece en un texto del medio Architectural Digest, que lo define como una “gran limpieza” con un sentido que va más allá del orden doméstico. La...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. El ritual de limpieza japonés para cajones, estanterías y armarios aparece en un texto del medio Architectural Digest, que lo define como una “gran limpieza” con un sentido que va más allá del orden doméstico. La propuesta lo vincula con una idea de purificación mental, desintoxicación emocional y renovación energética. Según el medio citado, no se trata de una limpieza rápida de fin de semana ni de un sistema de organización exprés.
El artículo sitúa este ritual en la tradición sintoísta y explica que cobra un significado especial en los preparativos del Shogatsu, el Año Nuevo japonés, aunque también lo plantea como una práctica adecuada al inicio o al final de las vacaciones. La lógica del Oosouji parte de una relación directa entre el espacio exterior y la vida interior. Cada armario que se vacía, cada repisa que se limpia y cada rincón que se despeja se entienden, en ese planteamiento, como parte de una revisión consciente de lo que sobra y de lo que permanece.
Los detalles
El dormitorio aparece como el ámbito más íntimo de la casa, el lugar del descanso y de los sueños. El texto sostiene que los cajones y armarios saturados o desordenados levantan una barrera que dificulta la relajación profunda y mantiene una forma de alerta latente. Aplicado a ese espacio, el método propone revisar prendas y objetos personales no por su precio ni por su utilidad inmediata, sino por la energía que proyectan sobre el presente.
La pauta central consiste en un vaciado total: no limpiar por partes, sino sacar todo para medir de forma visible el volumen real de lo que se posee. Cuando el mueble ya está vacío, la limpieza de los cajones debe hacerse del fondo hacia el frente. Ese gesto, según el artículo, arrastra de forma simbólica el pasado hacia afuera y obliga a atender también las esquinas donde suele acumularse el polvo.
Después llega la reorganización. La recomendación es devolver las prendas y objetos con espacios libres en los extremos de las repisas, de modo que el vacío funcione como amortiguador visual y favorezca el silencio mental. En el salón, el medio sitúa el foco en las estanterías, librerías y aparadores, que describe como los puntos donde más se acumula la saturación visual.
Qué dicen los expertos
Ese espacio, pensado para la hospitalidad, la conversación y el tiempo compartido, requiere recuperar el equilibrio y la pausa visual. La propuesta arranca con retirar libros, marcos y adornos de los estantes principales. El texto insiste en que no hace falta ocupar cada centímetro, porque el vacío no se plantea como carencia, sino como una presencia que da respiro a los objetos que siguen a la vista.
La limpieza de esas superficies debe hacerse con un paño de fibras naturales y con pasadas de arriba hacia abajo. Al volver a ordenar libros y adornos, la sugerencia es agruparlos por tonalidades o tamaños y dejar libres al menos dos tercios de las repisas más visibles para facilitar la circulación de la luz y del aire. El baño se presenta como otro punto central del recorrido por su vínculo con la purificación a través del agua, el Misogi.
Desde esa mirada, la limpieza alcanza los cajones y repisas internas, con un vaciado completo de los compartimentos bajo el lavabo y el descarte de productos secos, alterados o vencidos. La atención debe dirigirse también a rieles, soportes y zonas donde persisten humedad o suciedad. Para recolocar las toallas, el artículo aconseja enrollarlas o doblarlas en tercios uniformes y mantener despejadas las encimeras para devolver al baño su sensación de ligereza.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





