
Memoria plateada: Carlos Scolari y el recorrido desde un mítico show de Los Redondos hasta las nuevas formas de escuchar música
A 37 años de un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el Club Sportivo América de Rosario, una conversación con Carlos Scolari vuelve sobre aquella noche para explicar por qué ese recuerdo funciona hoy...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. A 37 años de un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el Club Sportivo América de Rosario, una conversación con Carlos Scolari vuelve sobre aquella noche para explicar por qué ese recuerdo funciona hoy como una puerta de entrada a un problema: cómo cambiaron las formas de escuchar música, informarse y construir experiencias colectivas desde fines de los años 80 hasta la era de las plataformas digitales. El punto de llegada de ese recorrido está en Homo mediaticus, el último libro del teórico rosarino, donde propone una historia de la humanidad narrada a través de sus tecnologías de comunicación y de los rastros materiales que dejaron los medios. Allí sostiene que los cambios mediáticos no operan por sustituciones limpias, sino por superposición de capas: los dispositivos nuevos no borran a los anteriores, los reorganizan y los devuelven bajo otras formas.
Scolari nació en Rosario el 16 de octubre de 1963, vive en Europa desde 1990 y reside actualmente en España. Especialista en comunicación, medios digitales, interfaces y evolución del ecosistema mediático, desarrolló una parte de su trabajo alrededor del concepto de hipermediaciones y ejerció la docencia en la Universidad Nacional de Rosario, la Universidad de Vic y la Universidad Pompeu Fabra. El recuerdo del show en Sportivo AméricaEl recital en Sportivo América quedó ligado a una forma previa de vivir la músicaSu memoria del show de Los Redondos en Sportivo América no está organizada por la precisión del archivo, sino por la intensidad física de la escena.
Los detalles
Recordó que seguía a la banda desde Oktubre, que sus canciones circulaban en casetes grabados de otras grabaciones y que el primer disco del grupo que pudo comprar fue Un baión para el ojo idiota. Cuando se enteró de que la banda llegaba a Rosario, la expectativa dentro de su grupo fue inmediata. En su reconstrucción, el recital transcurrió en un “gran galpón”.
—¿Cómo recordás vos la presencia de los Redondos en un club de barrio como el Sportivo América? —Yo venía escuchando a Los Redondos desde que salió Oktubre, el segundo disco. En ese momento eran un fenómeno muy porteño, casi mítico.
Los escuchábamos en casetes que eran copias de otras copias; así circulaba la música. El primer disco de Los Redondos que me compré fue Un baión para el ojo idiota, el tercero, que todavía lo tengo acá. Después vinieron ¡Bang!
Qué dicen los expertos
Estás liquidado y los que siguieron. Con mis amigos éramos muy fanáticos de Los Redonditos. Había una identificación muy fuerte con ese mundo, entre Sumo y Los Redondos.
Estaban Soda Stereo y Los Fabulosos Cadillacs, claro, pero en ese momento los sentíamos más cerca del circuito comercial o de la discoteca. En cambio, yo me identificaba mucho más con ese espíritu del llamado rock chabón. Cuando nos enteramos de que Los Redondos venían a Rosario fue una noticia enorme.
Sumo ya había tocado en 1987, en Elefante Blanco. Ese recital fue en octubre, apenas dos meses antes de la muerte de Luca Prodan, y fue la segunda vez que los vi. Fue un recital brutal.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





