
Michel Houellebecq: "En el fondo, siento un cierto afecto hacia la humanidad. Quizá hoy aún más, porque sabemos que desaparecerá pronto"
LA LECTURAMichel Houellebecq: "En el fondo, siento un cierto afecto hacia la humanidad. Quizá hoy aún más, porque sabemos que desaparecerá pronto"A los 70 años, el gran polemista galo de las letras acaba de publicar en...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. LA LECTURAMichel Houellebecq: "En el fondo, siento un cierto afecto hacia la humanidad. Quizá hoy aún más, porque sabemos que desaparecerá pronto"A los 70 años, el gran polemista galo de las letras acaba de publicar en Francia un poemario y un disco con versos recitados sobre músicas de Frédéric Lo. Hablamos sobre ese inevitable (e inminente) fin del mundo que tanto evoca y sobre su último caballo de batalla: "El debate sobre la eutanasia está viciado por una mentira: la dignidad es otra cosa" Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email 3 comentariosStefano Montefiori (Corriere della Sera)Texto Antoine d'Agata (Magnum)Fotografías TextoFotografíasActualizado Miércoles, 3 junio 2026 - 15:51Mientras se estira para coger un cenicero, Michel Houellebecq casi se disculpa: «No lo he dejado del todo, pero fumo mucho menos..
El gran escritor francés ha elegido para nuestro encuentro una mesa en la terraza de un café cerca de la estación de Denfert-Rochereau, en el sur de París. La conversación fluirá de su compromiso contra la eutanasia, sobre la que el Parlamento francés está llamado a legislar estas semanas, al álbum Souvenez-vous de l'homme, con sus versos recitados sobre música de Frédéric Lo, pasando por el poemario Combat toujours perdant (Flammarion, aún no traducido al español). Desde siempre, su imagen ha estado ligada al cigarrillo y a esa manera única de sostenerlo entre el dedo corazón y el anular, pero a los 70 años, cumplidos el pasado 26 de febrero, Houellebecq no ceja en su empeño por mejorar, por hacer lo correcto, por preocuparse.
Los detalles
Su batalla personal contra el tabaco es, quizá, una guerra perdida de antemano y, sin embargo, merece la pena librarla. En cuanto al final de la humanidad, desenlace que parece inminente e inevitable a juzgar por sus poemas, ha llegado ya al punto de asumirlo, pero nunca a resignarse. Souvenez-vous de l'homme, acordaos del hombre «porque, en el fondo, no éramos tan malos», dice Houellebecq, que escribe: «Occidentales que queréis vivir, vuestro tiempo se acaba.
/ Pero aún podéis seguirme». Bajo el sol vespertino que cae sobre el bulevar casi desierto envuelve la charla la atmósfera angustiosa de ciertas situaciones: la última velada afectuosa con una persona amada a la que se despide, un familiar desaparecido que reaparece sonriendo en sueños, el reencuentro con la casa de la infancia, donde los recuerdos siguen tan vivos que aquella vida no parece realmente haber terminado. El fin del mundo evocado por Houellebecq está en todas partes y suscita nostalgia.
Y quizá sea precisamente por esa incapacidad de abandonarlo todo y entregarse al nihilismo por lo que merece la pena -aun así- reducir los cigarrillos, rendir homenaje con poemas a una humanidad derrotada por las guerras, las tendencias suicidas y la inteligencia artificial y combatir contra la muerte deseada y concedida para acortar el sufrimiento. Un instinto vital crepuscular pero irreductible, pese a todo.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





